
El obispo de Mondoñedo-Ferrol urge a "reconstruir la comunión" frente a la polarización y el individualismo
Tras el bullicio de las fiestas de Carnaval, la diócesis de Mondoñedo-Ferrol se adentra este miércoles en el tiempo de Cuaresma. Con motivo del Miércoles de Ceniza, el obispo de la diócesis, monseñor Fernando García Cadiñanos, ha hecho público un mensaje titulado “Reconstruir juntos la comunión”, en el que invita a los fieles a realizar una profunda reflexión personal y comunitaria.
En un texto cargado de cercanía, el prelado define este periodo como una “necesaria ITV” (Inspección Técnica de Vehículos) para el espíritu, planteando preguntas clave sobre el rumbo de la vida, las prioridades y la coherencia personal de cada cristiano.
Un antídoto contra la fractura social
García Cadiñanos pone el foco en las heridas que, a su juicio, marcan la sociedad actual.
Frente a lo que describe como un “individualismo atroz”, la polarización y las guerras, el obispo propone la comunión como la meta principal de este itinerario de cuarenta días.
“Los hechos nos hablan de rupturas, enfrentamientos y desasosiego interior”, señala el mensaje, haciendo una llamada directa a reconstruir los vínculos “especialmente con los más pobres”. En este sentido, el prelado no elude la autocrítica eclesial, reconociendo que “también en nuestra Iglesia se nos ha colado la división y la fractura”, instando a trabajar de forma urgente en la unidad y la sinodalidad.
Las cuatro dimensiones de la conversión
El mensaje episcopal articula la conversión cuaresmal en cuatro pilares fundamentales:
Con Dios: Invitando a retomar la oración y el sacramento de la reconciliación para sanar una relación dañada por el “olvido” o la indiferencia.
Con uno mismo: Buscando la armonía interior mediante el ayuno, para superar las contradicciones entre “lo que pensamos y lo que hacemos”.
Con los demás: Utilizando la limosna como herramienta para tender puentes y frenar la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
Con lo creado: Abogando por una “ética del cuidado” de la casa común, rechazando las miradas puramente económicas sobre el planeta.
Monseñor García Cadiñanos concluye su pastoral recordando que la Cuaresma no es un camino solitario, sino un “peregrinaje compartido” hacia la Pascua.
Con este mensaje, el obispo busca movilizar a la comunidad diocesana hacia una transformación que no solo sea espiritual, sino que tenga un impacto real en la convivencia y la justicia social en la región.













