Ravalear”: Un retrato crudo del problema de la vivienda desde la Berlinale

Ravalear": Un retrato crudo del problema de la vivienda desde la Berlinale
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Ravalear": Un retrato crudo del problema de la vivienda desde la Berlinale

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La serie “Ravalear”, presentada en el Festival de Berlín, aborda el espinoso tema de la vivienda a través de la historia real del restaurante Can Lluís en el barrio del Raval, adquirido por un fondo buitre. La producción, creada por Pol Rodríguez, destaca por su ritmo, fuerza y la ausencia de simplificaciones maniqueas, mostrando una perspectiva poco común sobre esta problemática.

Compromiso palpable

El elenco, encabezado por Enric Auquer y María Rodríguez Soto, irradia un compromiso genuino con el proyecto. Ambos actores, reconocidos por su talento, personifican la dedicación que la serie transmite hacia el problema de la vivienda. Auquer, afiliado al Sindicat de Llogateres, ya había expresado su apoyo durante la entrega de los premios Gaudí.

La historia detrás de la serie

Rodríguez Soto relata su conexión personal con Can Lluís, donde había disfrutado de buenas experiencias antes de conocer la historia detrás de su adquisición. Auquer, por su parte, describe cómo la serie le permitió comprender la magnitud del dolor generado por este tipo de situaciones, más allá de las frías cifras de desahucios.

Optimismo frente a la realidad

Ante la pregunta sobre si la serie les ha hecho ser más o menos optimistas respecto al problema de la vivienda, Rodríguez Soto señala la presencia de un capitalismo incontrolable a nivel mundial, que impacta en ciudades como Barcelona, Madrid o Berlín. Sin embargo, destaca la importancia de la comunidad y la esperanza que surge de ella.

Auquer coincide en la necesidad de actuar y menciona su afiliación al Sindicat de Llogateres como una forma de contribuir. Critica la lógica perversa del sistema, donde el valor del dinero prevalece sobre el valor sentimental y colectivo de un establecimiento arraigado en la comunidad.

El miedo como herramienta

Rodríguez Soto denuncia cómo se ha logrado infundir más temor a la ocupación ilegal que a la acción de los fondos buitre, desviando la atención del verdadero problema. Auquer lamenta la falta de un interés colectivo y la perversidad de un sistema que genera insostenibilidad.

“Es que es heavy cómo han conseguido que nos dé más miedo que nos puedan okupar la casa que los fondos buitre”, afirma Rodríguez Soto.

Ambos coinciden en la necesidad de un estado responsable que regule la vivienda y palíe el sufrimiento que genera la situación actual.

Rebelión y privilegio

La serie plantea la rebelión como una respuesta ante la falta de protección, pero también reconoce la situación de privilegio en la que se encuentran algunos personajes. Rodríguez Soto destaca la importancia de ser conscientes del privilegio y poner el debate sobre la mesa.

Auquer subraya que la serie explora qué sucede cuando no te rindes y llevas la lucha hasta las últimas consecuencias, cuestionando los límites y la legitimidad de las acciones en la confrontación contra el poder.

Participación comunitaria

La integración de asociaciones del Raval y tejido social en la serie ha sido un factor enriquecedor. Rodríguez Soto destaca la escucha recíproca y la naturalidad en el rodaje, donde las cámaras pasaban desapercibidas.

Auquer resalta la voluntad política de la serie y la importancia de incorporar voces disidentes y consultar a sindicatos y organizaciones del barrio. Reconoce que el proceso no ha sido perfecto, pero se ha intentado escuchar a todos.

¿Un cambio social?

En cuanto a las expectativas sobre el impacto de “Ravalear”, Rodríguez Soto espera que genere un cambio y abra conciencias. Auquer, más escéptico sobre el poder transformador de las series, confía en que sirva como referente y herramienta para quienes sufren la injusticia, conectándolos con asociaciones y recursos.

“Yo creo que las series no cambian nada”, sentencia Auquer, añadiendo que espera que la gente se lo pase bien y se enfade al verla.

Concluye señalando que la serie, aunque con momentos de tristeza, tiene su luz y no es un relato derrotista.