
El torero que contó las veces que aparecen en el Quijote el famoso hidalgo y Sancho
No se aleja mucho de algunos estudios que dan la cifra de 2.174 veces para Quijote y 2.147 para Sancho, mientras que apuntan como dato curioso que Dulcinea no llega a las cien. Noticia relacionada No No El eterno debate del toro grande o no grande: «Un toro de muchas arrobas resulta fatigoso» Rosario PérezLe gustaba la lectura a Paquiro, un hombre inteligente, rodeado de las mejores cuadrillas y experto capotero, que vivió la época del romanticismo español. Una de sus máximas aportaciones fue la publicación en 1836 de su Tauromaquia completa, en la que no solo figuraba la técnica lidiadora, sino que supuso la base de una reglamentación de cara al futuro. Si Pedro Romero inventó la muleta y Costillares creó la verónica y la suerte del volapié, a Francisco Montes «se le deben todos los cánones que tendrían validez para un toreo más reposado, más estilista y dentro de una línea en que se empezaba a encontrar el arte por encima de la lucha o batalla campal que había sido siempre la tauromaquia».Carta de Paquiro «Para distraerme, una vez que estuve enfermo, tuve el capricho de ir contando las veces que los nombres de Don Quijote y Sancho aparecen en el libro»Paquiro imprimió, además, lujo al terno: «Introdujo el uso de las borlas o machos, alamares y lentejuelas para recargar un vestido de torear que cada vez se va haciendo más complicado en su composición y adorno, olvidándose ya definitivamente el uso de ropa corriente para intervenir en una función de toros», cuenta Paco Delgado en ‘Los colores del toreo’.
Además, acortó la chaquetilla, con oberturas en la axila para moverse mejor, y ensalzó las hombreras. Usó el raso como fondo de chaquetilla y se enriquecieron los bordados, además de incorporarse los alamares. Y el elemento imprescindible: la montera, «toque de distinción que tuvo como origen el deseo de lidiadores plebeyos de emular a nobles y caballeros que alanceaban toros y que se cubrían y protegían con cascos».Decíamos que el destino cambió para Francisco cuando su padre perdió su estatus social y tuvieron que irse de su domicilio natal de Chiclana. El niño que vio cómo los franceses invadían su pueblo se criaría luego cerca del matadero , donde comenzó su contacto con el ganado.Un valiente capaz Francisco Montes entró en la escuela de Pedro Romero con una pensión de seis reales, concedida por Su Majestad, y muy pronto mostró sus dotes para la lidiaAuspiciado por Jerónimo José Cándido, ingresó en la Escuela de Pedro Romero, que se entusiasmó con el prometedor torero.
Con estas palabras publicadas en el ‘Correo Literario’ en 1932 se refirió a Paquiro: «Francisco Montes entró de alumno en la Real Escuela de Tauromaquia gozando la pensión de seis reales, concedida por Su Majestad a los de esta clase, y que como diestro primero puse en él todo mi conato por obligación, y por advertir en él que carecía de miedo y estaba dotado de mucho vigor en las piernas y en los brazos, lo que me hizo concebir sería singular en su ejercicio a pocas lecciones que le diese… Así, tras un breve paso por la Escuela de Tauromaquia y con veinticinco años encima nos lo encontramos preparado para, en un par de años, conquistar como nadie, con su valentía sin límites y su vigor físico, la plaza». Rumbón, de Torre y Raurí, se llamaba el toro que le provocaría las cornadas (en el tobillo y en la pantorrilla) que le trajeron altas fiebres y de las que no logró recuperarse.Se apuntó a todas las corridasTorero muy completo y rival del Chiclanero y Cúchares, se había presentado en Madrid el 18 de abril de 1831. Pese a no andar acertado con el acero, gustó tanto que toreó hasta cinco tardes más en la temporada madrileña: el 25 de abril, el 16 y el 23 de mayo, el 11 de junio y el 26 de septiembre.
No bastaría con eso, un lustro después se apuntó a todas las corridas. En 1833, triunfó a lo grande y las dos temporadas siguientes se convirtió en un líder.Muy querido por los públicos, el pueblo se inventó esta coplilla : «Para sabio, Salomón; Paquiro, para torero; para gobernar España, don Baldomero Espartero».












