
Microorganismos comunes prosperan en las aguas radiactivas de Fukushima
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La intensa radiación no siempre impide la vida. En zonas altamente radiactivas, la vida puede surgir y persistir, como se ha demostrado en varios lugares del planeta con alta exposición a la radiación. La zona de exclusión de Chernóbil alberga lobos, jabalíes y alces en densidades superiores a las de las reservas no contaminadas, debido a la menor presión de la actividad humana.
También se ha documentado la presencia de mohos oscuros en las paredes del reactor de Chernóbil, organismos que toleran altos niveles de radiación gracias a compuestos que interactúan con esa energía.
Un lugar se vuelve altamente radiactivo tras un accidente nuclear, la liberación de material fisible, la fusión del núcleo de un reactor o la exposición de residuos radiactivos al agua y al aire, como ocurrió tras el terremoto y tsunami de 2011 en Japón.
Análisis revelan bacterias comunes en el agua de Fukushima
Tomoro Warashina y Akio Kanai, biólogos de la Universidad Keio de Tokio, analizaron agua radiactiva de la central de Fukushima Daiichi y encontraron bacterias sin variaciones genéticas asociadas a la resistencia a la radiación, según la revista *Applied and Environmental Microbiology*.
El área estudiada, situada bajo el edificio del reactor y diseñada para absorber presión de vapor, se inundó tras el desastre de marzo de 2011. El equipo estudió el microbioma expuesto a la radiación persistente para comprender su impacto en los trabajos de desmantelamiento de la planta.
Ausencia de microbios resistentes desvía la investigación
Tras tomar muestras del agua acumulada, Warashina y Kanai realizaron una secuenciación genética para identificar los microorganismos presentes. Esperaban encontrar especies conocidas por tolerar altas dosis de radiación, como *Deinococcus radiodurans* o *Methylobacterium radiotolerans*, ya detectadas en otros lugares contaminados.
Sin embargo, los análisis no detectaron proporciones relevantes de estos géneros, lo que orientó el estudio hacia una explicación alternativa sobre la supervivencia en el lodo radiactivo.
Las bacterias dominantes pertenecían a los géneros *Limnobacter* y *Brevirhabdus*, microorganismos quimiolitotróficos que obtienen energía al oxidar compuestos inorgánicos como azufre o manganeso. En menor proporción aparecieron *Hoeflea* y *Sphingopyxis*, bacterias que transforman distintas formas de hierro.
Estas especies no poseen mecanismos genéticos descritos como defensa frente a la radiación ionizante elevada. A pesar de ello, prosperaban en un entorno tóxico para muchas otras formas de vida, lo que desplazó el foco hacia las **condiciones físicas del lugar** y no hacia mutaciones específicas.
El equipo señaló en el estudio que “las proporciones de los géneros bacterianos conocidos por ser resistentes a la radiación eran extremadamente bajas, lo que sugiere que el impacto de la radiactividad sobre la selección dentro del agua de la sala del torus fue mínimo”.
Los investigadores añadieron que “la mayoría de los géneros bacterianos en el agua del torus estaban asociados con la corrosión de metales, lo que indica que el efecto de las bacterias sobre la corrosión metálica debe ser considerado en los trabajos de desmantelamiento a largo plazo”. Esto plantea un problema operativo, ya que las comunidades microbianas pueden acelerar el deterioro de superficies metálicas y dificultar la limpieza al enturbiar el agua.
El tsunami transforma un sistema de seguridad en laboratorio
El accidente fue provocado por un terremoto submarino frente a la costa japonesa que generó un tsunami. El agua inundó la central, causando fusiones de núcleo y la evacuación inmediata de Ōkuma, que permaneció con pocos residentes durante años.
Dentro de los edificios del reactor se acumuló agua radiactiva, donde comenzaron a crecer formaciones identificadas como **tapetes microbianos**. Esta acumulación transformó un sistema de seguridad en un laboratorio natural bajo radiación.
La comparación con Chernóbil ayuda a comprender el hallazgo. La zona de exclusión ucraniana alberga abundantes poblaciones de alces, ciervos, jabalíes y lobos, con cifras de lobos hasta siete veces superiores a las de reservas no contaminadas, según estudios de campo. También viven perros de forma estable, lo que confirma que **mamíferos de gran tamaño mantienen poblaciones en un entorno radiactivo**, aunque se investigan posibles efectos genéticos.
En Fukushima, el caso demuestra que **organismos comunes pueden adaptarse a condiciones extremas** sin desarrollar rasgos extraordinarios, siempre que encuentren un entorno físico que amortigüe parte del daño y les permita mantener su metabolismo bajo radiación persistente.












