
Jesús Merino, en COPE, sobre la mayor virtud de Nando Yosu: "Era brillante gestionándolo"
Diez años se cumplen de la marcha de Nando Yosu, una de las leyendas más importantes en los 113 años de historia del Racing. Jesús Merino, quien compartió vestuario con él como jugador y como técnico asistente, ha recordado su figura, destacando la humildad y el desapego del protagonismo que siempre le caracterizaron.
Merino define a Yosu como el resumen perfecto de lo que significó para el club: “Jamás quiso un titular, jamás quiso ser protagonista; lo que quería era que le fuese lo mejor posible al club”, ha afirmado, quien cree que ese sentimiento es algo que la gente ha agradecido y que perdurará para la eternidad.
A la pregunta de qué le hacía diferente de otros técnicos, Merino lo tiene claro: “La cercanía, la normalidad y el absoluto desapego de querer estar en ningún titular”.
Su principal objetivo, según ha explicado, era que la noticia fuera el Racing y que se consiguiera el objetivo, sin querer “participar de ningún éxito ni sacar pecho” absolutamente de nada.
Merino también ha rememorado el último milagro deportivo de Nando Yosu, la salvación del equipo en Primera División en la temporada 2005-2006, donde él fue su asistente. Ha desvelado que el diagnóstico fue claro: “Había muchos futbolistas que no querían sumar, que estaban al margen del club”.
Por ello, decidieron apartar a esos jugadores y centrarse en los que sí querían trabajar.
Durante los partidos en situaciones límite, Merino asegura que Yosu siempre mantenía la frialdad: “Yo no le he visto nunca una situación que le superase”, ha comentado, destacando que el entrenador era el faro o el guía que necesitaba el vestuario en esos momentos de máxima tensión.
Finalmente, Merino ha reflexionado sobre el reconocimiento a su figura. Aunque considera que “no se le trató bien, pero no le trató bien nadie, no solo la directiva…”, también ha recordado episodios en los que la grada y la prensa pidieron su cese.
No obstante, ha celebrado que el tiempo pone a cada uno en su sitio y que ahora el club recompone su memoria con el bajorrelieve de su figura incrustado en la fachada principal en El Sardinero, el mural dibujado en su honor en una de las curvas interiores del campo, y el nombre de las instalaciones de La Albericia.













