
Fisuelos: El Dulce Emblema de la Montaña Leonesa
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En los días invernales, cuando la chimenea escupe bocanadas de humo contra un cielo plomizo y los árboles despojados se inclinan bajo el azote del frío, un dulce tradicional emerge como el mejor remedio para combatir las bajas temperaturas: los fisuelos.
Un Clásico de la Repostería de Montaña
Este postre, típico de la comarca del patzuezo y otras regiones como Babia, Omaña, la montaña oriental leonesa, Asturias y Galicia, se presenta como un emblema gastronómico arraigado en la tradición. Los fisuelos, a pesar de compartir ingredientes básicos como harina, leche, huevos y sal, no deben confundirse con los crêpes.
La preparación de los fisuelos es un ritual en sí mismo.
La masa ligera se vierte en aceite caliente, casi humeante, donde dibuja espirales que danzan hasta dorarse al calor del fuego. Una vez fritos, se espolvorean con azúcar o se endulzan con miel, al gusto del comensal.
Orígenes e Historia
Aunque su origen exacto es incierto, se cree que los romanos ya elaboraban una versión primitiva de los fisuelos.
Sin embargo, los primeros documentos escritos que dan fe de su existencia datan de la Edad Media, tanto en Bretaña como en España. En 1611, el cocinero real Francisco Martinez Montino incluyó una receta detallada de “Fruta de Frisuelos” en su libro ‘Arte de Cozina, Pastelería, Vizcochería y Conservería’, muy similar a la que ha llegado a nuestros días.
Un Legado Cultural
La importancia de este modesto pero exquisito postre es tal que cuenta con un Festival de Exaltación del Fisuelo, que se celebra cada año en Villablino coincidiendo con la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros, el 4 de diciembre.
Este evento se ha consolidado como una de las grandes celebraciones del calendario lacianiego, rindiendo homenaje a un manjar que es mucho más que un dulce: es un auténtico legado cultural, símbolo de una tierra forjada por mineros, brañeros, agricultores y ganaderos.












