
El último brindis: Radiografía de la corrupción valenciana en una novela
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Julián Quirós, quien dirigiera ‘Las Provincias’ de Valencia entre 2009 y 2020, y actualmente al frente de ABC en Madrid, plasma su experiencia en la novela ‘El último brindis’ (HarperCollins). La obra, si bien no menciona nombres como Barberá, Camps o Zaplana, evoca la atmósfera de excesos y corrupción que marcó una época en la Comunidad Valenciana.
La novela es una crónica del declive de un sistema basado en la ostentación y la megalomanía, un retrato de fiestas en áticos con champán y personajes turbios. Es también la narración de un hundimiento, de una resaca colectiva, y un fresco de los grises donde se mezclan cómplices y víctimas entre políticos, empresarios y ciudadanos.
Incredulidad y fascinación periodística
Quirós recuerda aquellos años con incredulidad, observando cómo las noticias de corrupción se confirmaban y acumulaban. Destaca la fragilidad del poder, que aparentaba solidez pero se desmoronaba con facilidad.
Para él, fue un periodo fascinante desde el punto de vista periodístico y literario, permitiéndole observar el comportamiento de los individuos ante el colapso.
¿Por qué una novela y no una crónica?
El autor explica que los hechos ya habían sido contados. Su interés radicaba en desvelar la conciencia colectiva, el sistema de poder, su crecimiento, consolidación y caída. Quería explorar el miedo que surge cuando el sistema se resquebraja, y para ello necesitaba la libertad que ofrece la literatura.
Un proceso de simplificación y perspectiva
Quirós describe el proceso de escritura como “fácil, pero trabajoso”. Una vez encontrados los mecanismos narrativos, la escritura fluía, pero requería precisión.
Simplificó la historia, los personajes y la cronología para ofrecer una perspectiva clara de la secuencia de eventos que conformaban una compleja red.
El papel de la prensa y los ataques al periodismo
El autor dedica la novela a los periodistas, resaltando su papel fundamental en la destape de casos de corrupción. Afirma que sin la prensa, muchos escándalos no habrían salido a la luz. Advierte sobre los peligros de presionar a los medios para que renuncien a su rol de vigilancia y se conviertan en una prensa oficialista, subordinada al poder.
Quirós denuncia que el poder siempre se defiende de los escándalos desprestigiando a los medios, una estrategia que se repite en diferentes contextos, como en la Cataluña de Pujol o la Andalucía de los ERE.
Polarización, sectarismo y la impunidad de la corrupción
El autor lamenta que la polarización y el sectarismo estén generando una tolerancia hacia la corrupción. Los políticos, según Quirós, intentan convencer a sus votantes de que las acusaciones son falsas, apelando al sentimiento de agravio y justificando la corrupción propia como un mal menor frente a la alternativa política.
Esto impide una condena unánime de la corrupción, independientemente de su origen.
Quirós reafirma su fe en la democracia liberal, defendiendo la necesidad de mecanismos institucionales para controlar el poder. Apuesta por la limitación de mandatos, el periodismo crítico y una justicia independiente, elementos que considera amenazados en la actualidad.
Los peligros de la antipolítica
El autor advierte que la antipolítica no es la solución, ya que aquellos que llegan al poder con la promesa de limpiar el sistema suelen ser más corruptos y autoritarios que sus predecesores, generando mayores desgracias en la sociedad. Pone como ejemplo lo ocurrido en Iberoamérica.
La prensa frente a las redes sociales
Quirós defiende el papel de la prensa frente a las redes sociales, que en un principio se presentaron como una alternativa democratizadora. Destaca que los periódicos siguen siendo la principal fuente de información y de investigaciones que nutren a todo el sistema mediático.
Más allá de la trama: Un modelo de poder seductor
El autor señala que la corrupción en Valencia no era solo una trama de saqueo, sino un modelo de poder diseñado para seducir a la sociedad.
Eran tiempos de optimismo y crecimiento desmedido, donde Valencia se percibía como una tierra prometida, lo que generó una relajación de costumbres y controles que facilitó la corrupción.
Corruptores amnistiados y santos inocentes
Quirós denuncia que los corruptores fueron casi amnistiados, recibiendo penas leves a cambio de colaborar con la justicia, lo que les permitió seguir siendo contratistas de la administración. También dedica un epílogo a los “santos inocentes”, aquellos que fueron acusados injustamente de corrupción y sufrieron las consecuencias, como el desprestigio profesional y la pérdida de patrimonio.












