
¿Quién nos protege?
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La denuncia de una inspectora de Policía contra el Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional ha sacudido los cimientos de la institución, revelando un presunto caso de violación que ha generado indignación y preocupación.
La Orden que Hiela la Sangre
Según la denuncia, José Ángel González ordenó a la inspectora asistir a una comida con él y su número dos, exigiendo que utilizara un coche oficial para recogerlo y llevarlo a su domicilio, donde se produjeron los hechos de la supuesta agresión, grabados por la denunciante. La palabra clave aquí es “ordenó”. En la estructura jerárquica policial, la inspectora se encontraba en una posición de subordinación absoluta, sin posibilidad de eludir la orden de su superior, quien además había sido su pareja. Desobedecer la orden implicaba una sanción profesional inmediata, convirtiéndola en víctima de una agresión sexual.
Abuso de Poder Entrenado
Este comportamiento no es un acto aislado, sino el resultado de años de ejercicio de cargos de responsabilidad en la Policía. El abuso de poder no se aprende a los 65 años, se entrena y, lo que es más alarmante, se premia para ascender. Surge entonces la pregunta crucial: ¿quién está al mando de quienes deben proteger a las mujeres y a la ciudadanía en general? ¿Qué méritos se valoran para ascender en el escalafón?
Los hechos sugieren que la violencia, la humillación y el sometimiento forman parte del ejercicio de sus funciones. Es imperativo cuestionar en cuántos casos y actuaciones se repite este patrón. Resulta difícil creer que alguien capaz de dar una orden de tal magnitud lo haga por primera vez.
Un Pasado Cuestionable
En los últimos trece años, la Policía Nacional ha tenido tres Directores Adjuntos. Eugenio Pino y José Ángel González han ocupado el cargo durante once de esos años. Pino ya ha sido condenado por su implicación en una de las muchas derivadas de la Policía Patriótica, mientras que González es el acusado de agresión sexual. Ambos, además, fueron altos dirigentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP). La interrogante es si la UIP se ha convertido en una cantera de este tipo de perfiles.
Limpieza Profunda Necesaria
Es alarmante la escasa calidad democrática de los máximos responsables de la Policía Nacional. Es necesaria una limpieza profunda que cuestione la concepción de la ley y la seguridad que prevalece en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, para evitar que estos perfiles lideren la Policía, utilizando su ínfima calidad moral como criterio fundamental para su actividad profesional. No se trata de un problema exclusivo de la Policía. En la Guardia Civil se han visto casos igualmente sangrantes, como el de Manuel Sánchez Corbí, quien llegó a ser el máximo dirigente de la Unidad Central Operativa (UCO) a pesar de haber sido condenado por torturas. Tras su condena, fue condecorado con la Cruz de Plata de la orden del mérito.
Es crucial reparar la aberración de premiar a quienes fraguan su carrera mediante el abuso de poder. Si se abusa de los compañeros, se abusa de los ciudadanos. No podemos sentirnos seguros sabiendo quiénes están al mando de aquellos cuya obligación legal es proteger nuestros derechos.













