
La persistente lacra de la violencia machista en España
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En lo que va de 2026, diez mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas. La última semana ha sido especialmente trágica, con cuatro mujeres, una niña de 12 años y un niño de 10 perdiendo la vida. A estos crímenes se suman numerosos casos de violencia y acoso sexual que inundan las noticias.
El negacionismo como caldo de cultivo
Rafael Sánchez Ferlosio describió en 1994 a una “ralea viril” de hombres que recurren a la violencia para someter y controlar a las mujeres. Treinta años después, esta mentalidad persiste, incluso con mayor fuerza. El auge de discursos negacionistas, como el que cuestiona las denuncias falsas, alimenta la idea de que los hombres son víctimas de las mujeres, del sistema y de las leyes. Esto les exime de responsabilidad y justifica la violencia como una reacción inevitable.
Es difícil encontrar testimonios de maltratadores que reconozcan sus actos. La mayoría niega las agresiones, las amenazas y el sometimiento, sintiéndose injustamente atacados. Se perciben como buenos maridos y padres, culpando siempre a otros de sus problemas.
Este negacionismo crea un ambiente hostil para las víctimas, quienes son constantemente cuestionadas y sospechosas de tener motivaciones ocultas. Se llega a insinuar que “se lo merecían”.
Fallos en el sistema de protección
El aumento del negacionismo de la violencia contra la mujer coincide con un grave fallo institucional. La mayoría de las mujeres asesinadas debían estar bajo protección. Algunas habían denunciado a sus agresores, y en otros casos, la denuncia provenía de terceros. Los agresores formaban parte del sistema VioGén, incluso algunos con seguimiento y calificación de riesgo baja. A pesar de haber dado el difícil paso de denunciar, el sistema les falló.
Abogados y asociaciones que trabajan con víctimas señalan múltiples factores: falta de recursos, descoordinación entre servicios de atención a las víctimas, policía y juzgados, dificultad para evaluar el riesgo real debido a la falta de tiempo para entrevistas y análisis, fallos en las pulseras de control y escasas consecuencias para los agresores que incumplen las órdenes de alejamiento.
Medidas urgentes
Es necesario reevaluar los protocolos y mejorar la coordinación entre las administraciones locales y autonómicas. Se debe insistir en la concienciación ciudadana para crear redes de prevención y protección.
Se requieren más recursos, mejores protocolos, mayor coordinación, más educación y más apoyo del entorno cercano a las víctimas de maltrato o violencia sexual. La implicación de todos los ciudadanos es fundamental.
Es crucial negarse a negar la realidad. A menudo, se escucha hablar de hombres víctimas de denuncias falsas, pero rara vez se reconoce a un maltratador. Se les describe como “hombres normales”, “trabajadores” y “buenos padres”, minimizando su comportamiento violento.
Mientras tanto, las mujeres permanecen aisladas, invisibles, tachadas de mentirosas y manipuladoras, hasta que finalmente son asesinadas.
Un final trágico
Desde la creación del registro oficial en 2003, 1.353 mujeres han sido asesinadas. Desde 2013, 66 menores han perdido la vida y 510 han quedado huérfanos. ¿Cuántas víctimas más son necesarias para que la sociedad tome conciencia de la gravedad de este problema?













