Un Paseo por las Risas Escondidas en los Cuadros del Museo del Prado

Un Paseo por las Risas Escondidas en los Cuadros del Museo del Prado
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Un Paseo por las Risas Escondidas en los Cuadros del Museo del Prado

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Carlos Reyero, especialista en Historia del Arte, ha publicado recientemente el libro “Las risas del arte” (Cátedra, 2026), donde analiza más de 150 obras pictóricas desde una perspectiva humorística. En un recorrido por el Museo del Prado, Reyero desentraña las claves de la risa presentes en diez de estas pinturas.

Frente a la estatua de Francisco de Goya en la entrada del museo, Reyero destaca que es común encontrar personajes o escenas que provocan la risa en las obras de arte. Esto se debe, en parte, a que el arte, a partir de las exposiciones del siglo XIX, se convirtió en un espectáculo de masas y una forma de ocio ligada a la diversión.

El historiador subraya la evolución de los códigos morales a lo largo del tiempo, lo que influye en la percepción de lo que es risible. “Hablamos del mundo de lo grotesco, de lo deforme, de lo anormal, que antaño era utilizado de forma risible y hoy en día estaría censurado verlo así”, explica Reyero.

La Risa de lo Grotesco

El bufón Calabacillas de Velázquez, ubicado en la sala 15, es un ejemplo de “La risa equívoca de lo grotesco”. Reyero describe al personaje como una figura ambivalente que actúa como “motor de la comicidad”, invitando a la risa pero también generando interrogantes sobre su exageración.

La risa del bufón se basa en la incongruencia de sus acciones, sus gestos absurdos y su deformidad. La anomalía física o psíquica ha sido históricamente asociada al bufón y a su representación grotesca.

Las Risas de Teniers en la Sala 77

En la sala 77 se encuentra El rey bebe, de David Teniers, que retrata un encuentro popular en Flandes en el siglo XVII. La escena representa la tradición de agasajar como a un rey a quien encuentra el haba en el pastel de Reyes.

Reyero interpreta la obra como una risa asociada a momentos específicos del año, como las fiestas, la comida y la bebida. “El banquete otorga sentido al festejo y, por tanto, a la risa. La gula es un vicio risible a los ojos ajenos”, afirma.

También de Teniers, El mono pintor es una parodia que critica a través del mono a un pintor vulgar que realiza obras sin importancia. “Es una risa que sirve para censurar y que critica la vanidad y las pretensiones de los seres humanos”, explica Reyero.

Asimismo, El viejo y la criada, del mismo autor, muestra una escena lujuriosa como advertencia moral. En la pintura holandesa del siglo XVII, este tipo de escenas servían para ridiculizar lo que no se debía hacer, mostrando el deseo sexual en la vejez como algo vergonzoso.

De la Mueca a la Risa de Fiesta

En la sala 23 se encuentra un busto femenino atribuido a Filippo Scandellari, que Reyero describe como “una risa un tanto necia”. La obra invita a reflexionar sobre la dificultad de representar la risa de forma natural, ya que una risa congelada puede convertirse en una mueca.

El charlatán veneciano de Giandomenico Tiépolo, expuesta en la misma sala, refleja la necesidad contemporánea de divertirse a toda costa. Reyero señala que los personajes que se ríen del charlatán encierran cierta melancolía, reflejando el absurdo cómico de la vida.

El triunfo de Baco, en la sala 61, es una parodia de los mitos clásicos a través de su tergiversación, lo que conduce a la risa. En este cuadro de Alenza se observa una interpretación burlesca del mito de Baco, siguiendo la línea de Velázquez en sus “borrachos”.

Además, Reyero destaca la presencia de un personaje que orina en la esquina del cuadro, lo que muestra la risa como respuesta a lo soez y lo vulgar.

Destrucción, Mearse de Risa y Travestismos

Pelea de gatos en una despensa, de Paul de Vos, se incluye en el capítulo de las “Risas oscuras, siniestras, que se complacen en la destrucción o en el mal”. Reyero admite que el ser humano siente una extraña fascinación por lo destructivo, sobre todo en el plano imaginario.

La obra, concebida para distraer y divertir, muestra una destrucción en la que también hay alegría, lo que refleja un cierto gusto por lo destructivo.

Por otro lado, Bacanal de los Andrios de Tiziano, expuesta en la sala 42, refleja la celebración gozosa de los efectos del vino. Reyero destaca la presencia de un niño que “se mea de risa”, una expresión vulgar que indica hasta qué punto los personajes del cuadro se están divirtiendo.

Finalmente, Aquiles descubierto por Ulises y Diomedes del taller de Rubens, incluido en el capítulo de los “Travestismos”, muestra a varones vestidos de mujer, lo que posee “un componente humorístico indudable”. La obra está concebida para divertir y hacer reír gracias al contraste entre la tosquedad de Ulises y el gesto afeminado de Aquiles.