La UE busca su lugar para frenar la guerra en Ucrania, cuatro años después de la invasión rusa

La UE busca su lugar para frenar la guerra en Ucrania, cuatro años después de la invasión rusa
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La UE busca su lugar para frenar la guerra en Ucrania, cuatro años después de la invasión rusa

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Cuando se cumple un nuevo aniversario de la guerra, la Unión Europea responde financiando armas para el Ejército de Ucrania y con más sanciones contra Putin, aunque estas no han tenido suficiente impacto para frenar el conflicto.

Europa ante la guerra en Ucrania

En el cuarto aniversario de la invasión de Ucrania por Rusia, la Unión Europea (UE) sigue buscando un papel decisivo para poner fin al conflicto. Marginada por Estados Unidos, que solo muestra interés en la compra de armamento a empresas estadounidenses, y despreciada por Vladímir Putin, Europa se ha convertido en la esperanza de Ucrania para mantenerse a flote en una guerra de desgaste.

En este contexto, la UE se debate entre mantener la presión económica sobre Rusia y encontrar una vía que lleve al Kremlin a una mesa de negociación que facilite un acuerdo de paz justo para Ucrania y frene cualquier posibilidad de nuevas expansiones rusas.

Fracaso en las negociaciones

La última ronda de negociaciones entre Ucrania y Rusia, con la mediación de Estados Unidos en Ginebra, no logró avances en temas clave como el cese al fuego, la demarcación de fronteras en el Dombás, la creación de una zona desmilitarizada en Donetsk o el control de la central nuclear de Zaporiyia.

La jefa de Exteriores de la UE, Kaja Kallas, señaló que estas conversaciones demuestran que Rusia no cede en sus exigencias maximalistas y que la guerra se ha vuelto más brutal para Ucrania. La respuesta de la UE sigue siendo clara: más apoyo a Ucrania y más presión sobre Rusia.

La UE al margen

A pesar de las insistencias de la Comisión Europea sobre la coordinación constante con Ucrania y EEUU, y la necesidad de la presencia europea en las negociaciones, la UE no fue invitada a la mesa de Ginebra.

Ante esta situación, varios países europeos han propuesto iniciar conversaciones directas entre la UE y Rusia. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente francés, Emmanuel Macron, fueron los primeros en plantear esta posibilidad.

El canciller alemán, Friedrich Merz, incluso ha descrito a Rusia como parte integral de Europa, puntualizando la necesidad de restablecer relaciones equilibradas con Moscú, siempre y cuando se alcance la paz en Ucrania. Sin embargo, hasta el momento, la política exterior de la UE hacia Rusia ha sido de aislamiento diplomático.

Según Tatiana Stanovaya, investigadora del Rusia-Eurasia Carnegie Center, Europa se enfrenta a una trampa: para que Rusia busque un acercamiento genuino, Europa debe estar dispuesta a discutir asuntos estratégicos de seguridad, como el fin del apoyo militar a Ucrania, algo para lo que Europa no está preparada.

Por su parte, Thomas Graham, del Council on Foreign Relations, argumenta que el diálogo es esencial para reducir el riesgo de malinterpretaciones y una reacción exagerada por parte del Kremlin, lo que podría desencadenar una guerra más amplia. Sin embargo, advierte sobre las divisiones internas en Europa y la posibilidad de que Putin use el diálogo para exacerbar las tensiones transatlánticas.

EEUU descoloca a la UE

Estados Unidos no siempre muestra una posición clara en este juego a cuatro bandas. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, dejó plantados a los europeos en una reunión sobre la guerra en Ucrania, lo que aumentó el temor en varias capitales europeas de que Washington no tenga interés en involucrar a Europa en las negociaciones para acabar con el conflicto.

Bronwen Maddox, directora de Chatham House, señaló la inquietud por los límites explícitos que Rubio fijó al apoyo estadounidense a Europa y a Ucrania, advirtiendo que la Administración Trump seguirá su propio rumbo en defensa de los intereses de EEUU si no encuentra a Europa comprensiva.

Sander Tordoir, investigador en el Centre for European Reform, ya había advertido que la Administración Trump abandonará a Ucrania tarde o temprano, a pesar de las garantías de seguridad ofrecidas.

La preocupación europea aumentó cuando Rubio viajó a Budapest para apoyar al primer ministro húngaro Viktor Orbán, el mandatario de un país de la UE que más obstáculos ha puesto a la ayuda europea a Kiev. Además, desde principios de 2025, EEUU ha dejado de financiar el armamento del Ejército ucraniano, trasladando la carga a la Unión Europea.

Según Michael Kofman, investigador en Carnegie Endowment for International Peace, Putin apostó por el colapso de las líneas ucranianas y por que EEUU se volviera contra Ucrania, pero ambas apuestas resultaron erróneas. Washington detuvo la asistencia militar directa, pero estableció un acuerdo en el que los europeos pagan por la continuidad del apoyo estadounidense al esfuerzo de guerra ucraniano.

Después de largas negociaciones, Bruselas consiguió sacar adelante un préstamo de 90.000 millones de euros que permitirá a Ucrania comprar armamento y seguir aguantando la guerra de desgaste. Este préstamo está vinculado a que la mayoría de las compras de armas sean de empresas europeas.

Sin embargo, el Departamento de Defensa de EEUU se ha opuesto a que la UE limite el acceso de los fabricantes de armas estadounidenses al mercado europeo, advirtiendo que la medida provocaría una respuesta recíproca.

La adhesión a la UE como garantía de seguridad

Kiev presentó una solicitud de adhesión a la Unión Europea cuatro días después del inicio de la invasión rusa. Zelenski ha declarado que la adhesión de su país a la UE es una de las principales garantías de seguridad para Kiev y así se ha propuesto en su plan de paz, con el objetivo de convertirse en miembro de pleno derecho en 2027. Sin embargo, este camino no parece fácil ni rápido.

Además de Hungría, países como Alemania o Luxemburgo han avisado de que la integración de Ucrania debe seguir el procedimiento y cumplir los criterios de adhesión.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado que la adhesión en 2027 está fuera de discusión, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, retrasó la posible integración a 2030. Los recientes casos de corrupción en Ucrania tampoco han ayudado a acelerar el proceso.

Fredrik Löjdquist, director del Stockholm Centre for Eastern European Studies, insiste en la necesidad de que la UE dé un paso más adelante en la integración de Ucrania, tanto en el sistema de defensa europeo como siendo un Estado miembro más. Una Europa que incluya a Ucrania será mucho más fuerte, ya que cuenta con las fuerzas armadas más grandes y curtidas en combate de Europa.

Löjdquist defiende que no debe haber ninguna duda sobre el destino de Ucrania y su valor añadido como Estado miembro de pleno derecho de la UE, y advierte que el control ruso sobre Ucrania sería altamente perjudicial para la seguridad europea.

Además de Ucrania, también están las peticiones de territorios como Moldavia y Georgia, lo que implicaría una ampliación de la UE en lo que hace muchos años era el espacio soviético, una zona que Moscú considera parte fundamental de su radio de acción.

Se han propuesto diferentes modelos de integración gradual para Ucrania, incluso sin derecho a voto. Sin embargo, hay intereses económicos en juego, ya que Ucrania es una potencia agraria y su entrada en el club comunitario afectaría al presupuesto de la Política Agraria Común.

Más sanciones europeas contra Rusia

A falta de protagonismo en las negociaciones de paz, la UE mantiene su plan de presionar económicamente a Rusia. Kallas ha explicado que el objetivo es adoptar el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, que se centran en los sectores de la energía, los servicios financieros y el comercio.

Este nuevo paquete incluye una prohibición total de los servicios marítimos para el petróleo ruso, la inclusión de buques adicionales en la lista negra de sancionados y la restricción del mantenimiento técnico de los buques cisterna que suministran gas natural licuado. En el sector financiero, se prevé incluir a bancos regionales en la lista de sancionados y ampliar las medidas contra los canales de evasión mediante criptomonedas. Asimismo, se imponen prohibiciones de exportación a Rusia por un valor superior a 360 millones de euros y restricciones a las importaciones por más de 570 millones de euros en metales, productos químicos y minerales críticos.

Sin embargo, Volodymyr Dubrovskiy y James Nixey, investigadores de Chatham House, destacan que el régimen actual de sanciones ha fracasado en gran medida en su objetivo de limitar la capacidad de Rusia para hacer la guerra.

La situación económica de Rusia es cada vez peor, pero está por ver que sea suficiente para torcer el brazo de Putin. El déficit presupuestario del Estado ruso subió al 2,6% del PIB en 2025, y los ingresos rusos por petróleo y gas se redujeron en 2025 un 24%. Los tipos de interés en Rusia están en el 16%, sin que hayan logrado evitar que la inflación sea muy elevada.

A pesar de esto, según estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS), la economía rusa ha resistido mejor de lo esperado tras las sanciones económicas occidentales impuestas por la UE.

El balance comercial de Rusia sigue en superávit, el rublo no se ha alejado demasiado de su valoración previa a la guerra frente al dólar y el país depende en gran medida de exportaciones energéticas como el petróleo.

Según los analistas de CSIS, EEUU y Europa no han logrado ejercer plenamente sus herramientas económicas ni militares, y sin un mayor coste para Rusia, Putin prolongará las negociaciones y seguirá combatiendo.

“Poco espacio para el optimismo”

Según un informe del CSIS, desde febrero de 2022, las fuerzas rusas han sufrido casi 1,2 millones de bajas. Entonces, ¿hay posibilidades de que acabe la guerra sin concesiones a Putin?

Tatiana Stanovaya, investigadora del Rusia-Eurasia Carnegie Center, subraya que hay poco espacio para el optimismo. Para el Kremlin, la guerra es existencial y se trata de un enfrentamiento con Occidente que tiene lugar en territorio ucraniano. Poner fin a la guerra sin que se tengan en cuenta los intereses de Rusia equivaldría a condenar a Rusia a su propia perdición.

Volodymyr Dubrovskiy y James Nixey añaden que Putin tiene fuertes incentivos para continuar la guerra, ya que una guerra sin fin es políticamente necesaria para que el régimen justifique los sacrificios realizados hasta ahora.