
'Cuando brillan las manzanas': Una novela sobre el drama silenciado de la Casa Cuna de Fraisoro
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La periodista y escritora Rosa Díez-Urrestarazu sumerge al lector en las trágicas historias que se vivieron en la Casa Cuna de Fraisoro, en Zizurkil, a través de su novela “Cuando brillan las manzanas”. Este centro, gestionado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, acogió entre 1903 y 1994 a más de 12.000 niños abandonados y a sus madres, quienes, presionadas por el “honor” y las circunstancias económicas, se veían obligadas a dar a sus hijos en adopción.
Un lugar de acogida en tiempos difíciles
La Casa Cuna de Fraisoro surgió como respuesta al elevado número de niños abandonados que fallecían en la región durante el siglo XIX. Su creación redujo drásticamente la mortalidad infantil, convirtiéndose en un centro de referencia en España. Muchas mujeres, al enfrentarse a embarazos no deseados, se refugiaban temporalmente en Fraisoro para ocultar su estado, dar a luz y luego regresar a sus vidas.
Historias entrelazadas de dolor y sacrificio
Díez-Urrestarazu explica que su interés por Fraisoro surgió de los susurros y el secretismo que rodeaban el lugar en su infancia. En su novela, entrelaza las historias de Alejandra, Luciana y Jimena, tres mujeres de diferentes clases sociales que se ven forzadas a abandonar a sus hijos en el centro guipuzcoano. La autora destaca que el dolor de separarse de un hijo trasciende las diferencias económicas y sociales.
Investigación exhaustiva para revelar una realidad oculta
Para construir su relato, la periodista recurrió a archivos, bibliotecas, fotografías y testimonios de la familia de Jesús Alustiza, el último pediatra de Fraisoro. Alustiza atendió a la mitad de las madres y niños que pasaron por el centro, supervisando entre 1.500 y 2.000 partos y cuidando a 6.000 niños acogidos. En 1930, introdujo la vacunación antituberculosa en Gipuzkoa. Además, promovió la concesión de un sueldo temporal a las madres que decidían no abandonar a sus hijos, logrando disminuir el número de abandonos.
Un trato digno en un contexto social adverso
Díez-Urrestarazu señala que, en general, las mujeres recibían un buen trato en Fraisoro, aunque existieron casos aislados de experiencias aterradoras. En una época donde el embarazo fuera del matrimonio era considerado un deshonor, estas mujeres se sentían aterradas y sin la capacidad de criar a sus hijos solas. A pesar del tiempo transcurrido, muchas de ellas buscan reencontrarse con los hijos que abandonaron.
Rompiendo estereotipos y reconociendo la diversidad
La autora busca desmitificar la imagen de “mujer sucia y pecadora” asociada a las mujeres que pasaban por Fraisoro. En su novela, retrata a mujeres de todo tipo, incluyendo aquellas de clases altas. Subraya que Fraisoro era una institución reglada, con un equipo médico y sanitario similar al de una clínica privada, donde las mujeres daban a luz en condiciones óptimas.
Un informe que avala la legalidad de los procesos de adopción
Un informe de la Sociedad de Ciencias Aranzadi de 2014 concluyó que la Diputación de Gipuzkoa respetó rigurosamente los requisitos legales en los procesos de adopción entre 1940 y 1990, descartando posibles irregularidades. El documento también revela que la mitad de los menores abandonados en Fraisoro fueron devueltos a sus familias biológicas.
Un eco en el presente: testimonios que buscan ser escuchados
Tras la presentación de la novela, familiares de personas que pasaron por Fraisoro e incluso algunos de los bebés nacidos allí se han puesto en contacto con la autora, identificados con la historia y deseosos de compartir sus experiencias. Díez-Urrestarazu destaca lo gratificante y duro que está siendo este proceso. Su objetivo es dar a conocer esta realidad silenciada, donde muchas mujeres murieron sin saber qué pasó con sus hijos y muchos hijos desconocen la identidad de sus padres biológicos.













