
CÓMO ALMACENAR CALDO DE POLLO CASERO Y APROVECHARLO EN TUS PLATOS
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Tener caldo de pollo casero listo para usar transforma la cocina diaria de manera sutil pero impactante. Facilita la preparación de cenas rápidas, enriquece guisos y añade profundidad a recetas sencillas, evitando el uso de productos industriales. Sin embargo, la clave no solo está en la preparación, sino en la correcta conservación para mantener su sabor y calidad.
Conservar el caldo implica más técnica de lo que parece. Desde el enfriamiento hasta la elección del recipiente para congelar, cada paso influye en el resultado final. Si se hace correctamente, tendrás un aliado en la cocina durante semanas o incluso meses.
Pasos esenciales antes de guardar el caldo
Una vez preparado el caldo, es crucial realizar tres acciones básicas para asegurar su óptima conservación y sabor:
- Colar: Eliminar huesos, verduras y residuos sólidos previene el deterioro prematuro y mejora la textura del caldo.
- Enfriar adecuadamente: Evita introducir el caldo caliente en el refrigerador o congelador, ya que esto eleva la temperatura interna de los electrodomésticos y afecta la calidad del caldo. Lo ideal es dejarlo enfriar a temperatura ambiente y luego refrigerarlo.
- Desgrasar parcialmente: Después de unas horas en el refrigerador, la grasa se solidifica en la superficie, facilitando su eliminación. No es necesario quitarla por completo; una fina capa ayuda a proteger el caldo y a preservar su sabor.
Tiempo de conservación del caldo de pollo
El caldo de pollo es un producto perecedero, por lo que es importante conocer su tiempo de conservación:
- Refrigerador: Bien refrigerado y en un recipiente hermético, se mantiene en buen estado durante tres o cuatro días.
- Congelador: Puede conservarse entre tres y cuatro meses sin perder calidad. Después de este tiempo, seguirá siendo seguro si se mantiene la cadena de frío, pero el sabor podría verse afectado.
Congelar el caldo correctamente
Congelar caldo no se trata solo de llenar un recipiente. Aquí hay algunos consejos para hacerlo de manera efectiva:
- Porciones pequeñas: Congelar el caldo en porciones individuales facilita su uso posterior, evitando descongelar más de lo necesario. Puedes usar recipientes de medio litro, vasos o incluso cubiteras para porciones pequeñas.
- Recipientes adecuados: Utiliza recipientes herméticos y aptos para congelación. No los llenes por completo, ya que los líquidos se expanden al congelarse. Las bolsas de congelación planas, los recipientes pequeños de vidrio resistente o las cubiteras son opciones ideales.
- Reducir el caldo: Hervir el caldo unos minutos más antes de congelarlo concentra su sabor y reduce el volumen. Al usarlo, puedes diluirlo con agua si deseas un fondo más ligero.
- Etiquetar: Indica la fecha y el contenido en cada recipiente para evitar confusiones.
Descongelación adecuada
La forma de descongelar el caldo influye en su sabor y textura. Lo ideal es trasladarlo del congelador al refrigerador con anticipación para que se descongele lentamente.
Si tienes prisa, puedes calentarlo directamente en una olla a fuego lento. Evita el microondas a máxima potencia, ya que puede recalentar el caldo de manera desigual y alterar su sabor. Una vez líquido, remueve para integrar la gelatina natural y la grasa.
Tres platos donde el caldo de pollo marca la diferencia
Tener caldo casero a mano abre un mundo de posibilidades culinarias:
Arroz con más profundidad
Sustituir el agua por caldo de pollo es una forma sencilla y efectiva de mejorar el sabor del arroz. El grano absorbe el líquido durante la cocción, integrando el sabor desde el interior. Funciona especialmente bien en arroces melosos, risottos cremosos y preparaciones con verduras. Ajusta la sal al final si el caldo ya está condimentado.
Sopas rápidas
El caldo congelado te permite preparar una sopa reconfortante en minutos. Llévalo a ebullición y añade fideos finos, un huevo escalfado o verduras salteadas para una cena completa y sin complicaciones.
Guisos y estofados
Añadir caldo de pollo a un guiso es un recurso clásico para aportar sabor y jugosidad. Es especialmente útil cuando el sofrito no es suficiente o cuando deseas aligerar una salsa sin diluirla. Un chorrito de caldo mejora lentejas, pollo guisado o verduras en salsa, actuando como un potenciador natural del sabor.
Evita congelar el caldo aún caliente, usar recipientes demasiado grandes o llenarlos hasta el borde, y no olvides etiquetarlos. Recuerda que no es recomendable volver a congelar el caldo una vez descongelado.













