
Erik Varden: Del Agnosticismo a Guía Espiritual del Papa
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De agnóstico a dirigir los ejercicios espirituales del Papa. Así podría resumirse la trayectoria de Erik Varden, el obispo noruego que se ha convertido en una de las voces espirituales más respetadas en Europa.
Un Viaje Espiritual Inesperado
Nacido en Noruega en 1974, Varden creció en una familia protestante no practicante, transitando durante su juventud por el agnosticismo. Marcado por la historia de un hombre torturado en la Alemania nazi, desarrolló una temprana obsesión por la Segunda Guerra Mundial y el misterio del mal. ¿Cómo era posible tanto sufrimiento?
¿Dónde estaba Dios en medio de todo ello?
Un punto de inflexión crucial ocurrió a los 15 años al escuchar la Segunda Sinfonía “Resurrección” de Gustav Mahler. Versos como “no has sufrido en vano” y “te levantarás y vivirás” resonaron profundamente en él, marcando el inicio de una búsqueda espiritual. Comenzó a cuestionarse seriamente la existencia de Dios.
De la Tradición Anglicana al Monacato Cisterciense
Este camino lo condujo primero a la tradición anglicana y, posteriormente, a la Iglesia católica. Estudió teología en Cambridge y, en 2002, ingresó como monje cisterciense.
Además de su formación teológica, también se formó en música y canto gregoriano, lo que se alinea con su perfil contemplativo y monástico.
Una Voz Influyente en el Norte de Europa
Con el tiempo, aquel joven lleno de dudas se transformó en una figura espiritual influyente en el norte de Europa. Actualmente, es obispo de Trondheim, Noruega, y autor de libros exitosos como ‘Castidad’ y ‘Heridas que sanan’. Su estilo distintivo combina profundidad intelectual, sensibilidad artística y una forma directa de abordar la vulnerabilidad humana, la libertad y la esperanza.
Dirigiendo los Ejercicios Espirituales en el Vaticano
En un paso más en su proyección internacional, Varden fue el encargado de dirigir los ejercicios espirituales de Cuaresma en la Capilla Paulina del Vaticano, ante el Papa y la Curia romana. El retiro, titulado “Iluminados por una gloria escondida”, se centró en la figura de San Bernardo de Claraval.













