
¿Te mareas cuando te levantas rápido? Formas de prevenirlo y cuándo conviene consultar con un especialista
Es una sensación que casi todo el mundo ha experimentado alguna vez: levantarse demasiado rápido de la cama o de una silla y, de repente, sentir un intenso mareo que obliga a detenerse. Este episodio, que a menudo se ignora, tiene una explicación fisiológica y, aunque no suele ser grave, es importante comprender por qué ocurre. El doctor Marco Marra, jefe de servicio de urgencias del hospital Sanitas Cima, aclara las causas detrás de este fenómeno conocido como hipotensión postural o ortostática.
Para entenderlo de forma sencilla, el doctor Marra recurre a una analogía: el cuerpo humano funciona como un circuito de tuberías. “Cuando estamos tumbados o sentados, toda el agua, en este caso la sangre, se se distribuye de manera uniforme.
Pero cuando nos nos levantamos de golpe, pues, por la fuerza de gravedad se va distribuyendo más hacia hacia las piernas”, explica. Este cambio provoca que llegue menos sangre y, por tanto, menos oxígeno al cerebro.
El cerebro detecta esta falta de riego y activa un mecanismo de defensa inmediato. “Automáticamente, el mecanismo de defensa que tiene es ponerlo todo en standby, para para dormirse, digamos. Y allí, pues, nos viene el mareo, o hasta incluso algunas veces podemos llegar a a perder conocimiento”, detalla el especialista.
Es la forma que tiene el organismo de protegerse ante la caída súbita de la presión arterial.
Aunque es un fenómeno “relativamente normal”, el cuerpo dispone de sus propios sistemas para contrarrestarlo. Unos receptores de presión, llamados barorreceptores, detectan estos cambios bruscos y responden aumentando la frecuencia cardíaca y contrayendo las arterias para mantener el riego a nivel cerebral. Sin embargo, estos mecanismos de defensa no siempre son suficientes para compensar la situación.
Con la edad, por ejemplo, estos receptores “pierden un poco su eficacia”. También influyen ciertos fármacos, especialmente los recetados para la presión arterial, que pueden “dormirlos”.
Otro factor clave es la deshidratación, ya que si no hay suficiente “agua en el cuerpo”, es decir, volumen sanguíneo, los mecanismos de compensación no pueden actuar correctamente, por muy bien entrenados que estén.
El principal riesgo de estos mareos no es el episodio en sí, sino sus consecuencias. En una persona joven con buenos mecanismos de compensación no suele ser peligroso, pero si ocurre a menudo o con gran intensidad, el peligro aumenta. Como advierte el doctor Marra, se puede “llegar a perder conocimiento, provocando obviamente caídas, golpes a nivel de la cabeza o o fracturas, en los casos peores”.
El doctor enfatiza la diferencia entre el síntoma y sus secuelas: “A nivel directo, por lo tanto, no es muy peligroso, pero las consecuencias indirectas pueden ser bastante peligrosas”. Esta advertencia subraya la importancia de no subestimar estos episodios, sobre todo en personas mayores o con movilidad reducida, donde una caída puede tener implicaciones muy serias para la salud.
La buena noticia es que, al conocer los factores de riesgo, podemos actuar sobre ellos para prevenir los mareos.
El doctor Marra destaca dos elementos fundamentales que favorecen su aparición: la falta de hidratación y el calor, muy comunes durante el verano. Por tanto, una hidratación adecuada es la primera línea de defensa para mantener un volumen sanguíneo óptimo.
Además de beber suficiente agua, es crucial conocer el propio cuerpo y modificar nuestros hábitos. Si una persona es propensa a sufrirlos, la clave está en evitar los cambios de postura bruscos. “Cuando se levanta tiene que que darse un tiempito más”, recomienda el experto.
El consejo es sencillo pero efectivo: al despertar, primero sentarse en el borde de la cama y esperar entre 10 y 30 segundos antes de ponerse de pie.
Esta simple pausa permite que el sistema circulatorio se adapte. El doctor sugiere: “Simplemente, esperar unos 10, 30 segundos antes de de levantarse”. Para mejorar aún más la transición, se puede aprovechar ese tiempo para mover las piernas, ya que “la contracción muscular hace que el riego sanguíneo vuelva desde las piernas hacia hacia arriba, hacia el corazón y la cabeza”. De esta forma, al ponernos de pie, el cuerpo ya estará preparado.
Junto al mareo, pueden aparecer otros síntomas como la debilidad o las palpitaciones.
Lejos de ser una señal de alarma, las palpitaciones son la manifestación del mecanismo de compensación del cuerpo. “El corazón late un pelín más rápido durante un minuto o dos para poder enviar más sangre al cerebro”, aclara Marra, lo que demuestra la capacidad del organismo para autorregularse.
Finalmente, para cuidar la circulación y prevenir estos episodios a largo plazo, el doctor Marra recomienda mantener un estilo de vida activo. La combinación de ejercicio físico regular, una buena hidratación y la costumbre de evitar los cambios de postura súbitos son los mejores hábitos para mantener a raya los mareos y garantizar que nuestro cuerpo responda de manera eficiente a las demandas del día a día.













