La Cuaresma: Mons. Varden Alerta sobre la Ambición y la Importancia de la Verdad

La Cuaresma: Mons. Varden Alerta sobre la Ambición y la Importancia de la Verdad
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La Cuaresma: Mons. Varden Alerta sobre la Ambición y la Importancia de la Verdad

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Monseñor Erik Varden, durante la quinta meditación de los ejercicios espirituales de Cuaresma dirigidos al Papa León XIV y la Curia romana, alertó sobre las tentaciones, especialmente la ambición, y enfatizó la necesidad de proteger “el esplendor de la verdad” frente a la falsedad.

Citando a San Bernardo, Varden recordó que “nadie vive en la tierra sin tentación”, subrayando la importancia de equilibrar la confianza en la ayuda divina con la conciencia de la propia fragilidad.

La Ambición como Alienación

El obispo describió la ambición como una forma sutil de codicia y una “alienación de la mente” que surge al olvidar la verdad. Siguiendo las palabras de San Bernardo, la calificó como “un mal sutil, un virus secreto, una peste oculta, un artesano del engaño”, así como “madre de la hipocresía” y “progenitora de la envidia”.

Varden considera esta ambición una forma de “locura”, particularmente “ridícula” cuando se manifiesta en individuos dedicados al servicio desinteresado, señalando que la figura del clérigo ambicioso es un arquetipo común en la literatura y el cine cómico.

En Busca de la Verdad

Ante la pregunta actual sobre “¿Qué es la verdad?”, el monje cisterciense instó a no desperdiciar energías en “tentaciones banales del miedo, la vanagloria y la ambición”.

Subrayó la importancia de observar y expresar el mundo a la luz de Cristo, que representa la Verdad.

Rechazando la idea de “seguir las modas del mundo”, Varden afirmó que la Iglesia debe hablar su propio lenguaje, el de las Escrituras, los santos y los poetas, para mantenerse “original y fresca”. Recordó las palabras del cardenal Schuster en su lecho de muerte, quien observó que, aunque la predicación ya no convence a las personas, la santidad aún inspira fe, arrodillamiento y oración.

Llamados a la Santidad

Finalmente, Mons.

Varden destacó que la llamada universal a la santidad fue “la nota más fuerte que tocó el Concilio Vaticano II”. Concluyó que la pretensión cristiana de la verdad se vuelve convincente “cuando su esplendor se hace personalmente evidente con amor sacrificial en la santidad”.