El Papa León XIV redefine la fe como búsqueda sincera de Dios

El Papa León XIV redefine la fe como búsqueda sincera de Dios
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El Papa León XIV redefine la fe como búsqueda sincera de Dios

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El Papa León XIV ha ofrecido una nueva perspectiva sobre la fe, respondiendo a la carta de un hombre que se define como “un ateo que ama a Dios”. La respuesta del Pontífice, junto con la misiva original de Rocco, de Reggio Calabria, fueron publicadas en la revista “Piazza San Pietro”.

La búsqueda, no la creencia, como núcleo de la fe

El Papa León XIV argumenta que la esencia de la vida espiritual no radica en la creencia o la incredulidad, sino en la búsqueda honesta y perseverante de Dios. Esta reflexión surge a raíz de la carta de Rocco, quien describe su contradicción interna con un tono poético: “Creo no creer, absolutamente seguro de la nada, continúo anhelando a Dios. ¡Mi drama es Dios!

¡Mi inquietud es Dios!”.

San Agustín como inspiración

El Pontífice respondió a Rocco citando a San Agustín, recordando que no puede considerarse ateo “quien lo busca con corazón sincero”. Para ilustrar este punto, el Papa recurrió a las Confesiones de San Agustín: “Tú estabas dentro de mí, y yo fuera. Y allí te buscaba”.

Buscadores versus no buscadores

El Papa propone un cambio de paradigma: “El verdadero problema de la fe no es creer o no creer en Dios, ¡sino buscarlo!”. Según León XIV, esta búsqueda activa es lo que define la relación con lo divino, sugiriendo que “quizá, la distinción adecuada no sea tanto entre creyentes y no creyentes, sino entre buscadores y no buscadores de Dios”.

Amar a Dios a través de la búsqueda

El Papa explica que una persona puede identificarse como creyente pero no dedicar su vida a buscar el rostro de Dios, y por lo tanto, no amarlo verdaderamente.

Por el contrario, alguien que se considera no creyente, como Rocco, puede ser “un ardiente buscador de su rostro”, amándolo a través de ese anhelo constante.

Un mensaje de esperanza universal

En un mensaje directo a Rocco, el Pontífice valida su experiencia y la eleva a una condición universal: “Somos todos deseosos de Amor, buscadores de Dios. Y aquí reside la dignidad y la belleza de nuestra vida”. De esta manera, el Papa transforma un drama personal en una reflexión universal sobre el sentido último de la existencia humana.