
Informes internos revelan temor a nuevos golpes tras el 23F
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El fallido golpe de Estado del 23F no solo sacudió la incipiente democracia española, sino que también generó una profunda preocupación en los organismos del Estado, especialmente en relación con la situación de las Fuerzas Armadas.
El temor a una repetición del golpe
Nueve meses después del intento de golpe, la Policía Nacional elaboró un informe en el que se advertía de un alto riesgo de que la situación se repitiera. Según los informadores, era evidente “el renacimiento del clima que motivó el 23F”. El análisis se centraba en las consecuencias que la intentona golpista estaba teniendo en la Policía, que había contribuido a frustrarla.
Este ambiente antidemocrático también se reflejaba en un manuscrito anónimo desclasificado, donde una facción del ejército planteaba planes para repetir una asonada. En este documento, se consideraba como primer error “dejar libre al Borbón y tratar con él como si fuera un caballero”, argumentando que “el Rey seguirá adelante con su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas”.
Acoso a la Policía leal al Rey
El informe policial advertía que los policías y fuerzas del orden que se mantuvieron leales al rey estaban viviendo una situación “insostenible”. Se denunciaba el acoso y el vacío al que se sometía a la Policía Nacional, mientras que se elogiaba constantemente a la Guardia Civil (cuerpo al que pertenecía Tejero). El personal policial se sentía “acosado y con complejo de culpabilidad por haber actuado en los días 23 y 24F con absoluta lealtad al Rey, a la Constitución”.
Índice de Subversión en las FAS
Los archivos del Ministerio del Interior también contenían un informe secreto titulado “Índice de subversión en las FAS”. Este documento analizaba la situación, determinaba objetivos generales y señalaba esquemas de líneas de acción a desarrollar en caso de aprobación.
El informe, fechado el 12 de diciembre de 1981, analizaba la evolución del ejército desde la muerte de Franco hasta el gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo. Se destacaba que la llegada de la Monarquía fue aceptada por las FAS como un deseo del dictador. Sin embargo, el descrédito de los líderes políticos, el ataque a valores morales, la inseguridad ciudadana, el terrorismo, la crisis económica y las exaltaciones separatistas generaron una profunda preocupación y desconfianza en el Gobierno.
Perfil de nuevos mandos: “Católicos con evidencias”
El informe señalaba que, tras el 23F, se produjo un movimiento de valoración de los miembros de las FAS, lo que generó una sensación de falta de apoyo o distanciamiento del pueblo. Se detectaron reticencias y oposiciones a la línea de mando, cuyo máximo exponente era el Rey, quien sufría un “deterioro personal y profesional”.
Ante esta situación, se consideraba “imprescindible lograr, cuanto antes, un grupo de Jefes de prestigio capaces de ser aceptados desde el propio Ejército, al margen de la opinión que merezcan en el ámbito civil”. Se buscaba un perfil de mandos “católicos con evidencias”. El objetivo principal era “evitar que el rey asuma el control permanente del ejército” y “fomentar la idea de que el ejército, con absoluta lealtad al rey, respeta la Constitución y obedece al Gobierno”.












