Richter-Birkenau: el pintor presenta en París su sobrecogedor obra del campo de concentración nazi

Richter-Birkenau: el pintor presenta en París su sobrecogedor obra del campo de concentración nazi
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

Richter-Birkenau: el pintor presenta en París su sobrecogedor obra del campo de concentración nazi

La envergadura de la retrospectiva de Gerhard Richter (Dresde, 1932) en París es tal que se tiene la sensación de descubrir a varios artistas a la vez. Sus 275 obras invaden cuatro plantas y 34 salas de la Fundación Louis Vuitton , dejando en el espectador una sensación apabullante por la profusión de imágenes, la monumentalidad de algunos formatos y por esos cuadros que, con su famoso desenfoque, confunden la mirada.En una sala de la parte alta del edificio, donde se transparenta la estructura de madera y metal a cielo abierto como si fueran los sables, cabos y relingas de un velero moderno, está ‘Mujer leyendo’ (1994). Es Sabine Moritz, compañera del artista que aquí, serena, de perfil, iluminada por una luz que proviene de arriba y absorta en la lectura, parece un Vermeer del siglo XXI. El cuadro está acompañado por un par de bodegones de flores y por ‘Esfera III’ (1992), una bola de metal que refleja todo lo que ocurre a su alrededor.

Tras ellas está ‘Autorretrato’ (1996), colgado junto a unos pequeños paisajes nevados de su casa. El año que se representó a sí mismo, Richter se había instalado con su familia en Colonia-Hahnwald, en una residencia-taller diseñada por él. El exterior del refugio, rodeado por el Rin, bosques, autopistas y complejos industriales, se extiende hasta donde alcanza la vista. Allí surgieron dos autorretratos que prolongan la serie de pinturas familiares del artista que entonces tenía 64 años.

El difuminado disuelve la cara de Richter en una niebla pictórica. No se muestra como alguien que ha alcanzado la cima de su carrera, más bien parece preguntarse cómo vivir con un pasado que no deja de alargarse. La sombra ineludible del Holocausto ha sido el fantasma en el discurrir de su Arte.El pintor nació en Dresde un año antes de que, en 1933, Adolf Hitler llegase al poder. Fue el primer hijo de Horst y Hildegard Richter.

Su padre era profesor de secundaria y su madre, librera y pianista. En 1935 la familia se trasladó a Reichenau, actual Polonia y, al estallar la Segunda Guerra Mundial , Horst fue reclutado por la Wehrmacht y acabó convirtiéndose en prisionero de los aliados. La infancia del artista se vio alterada por el régimen de Hitler. Dos de sus tíos murieron en el frente.

Uno de ellos, Rudi sería inmortalizado por él en una de sus pinturas borrosas de 1965. También retrató a su tía Marianne, que padecía esquizofrenia y fue esterilizada por la política nazi e internada en un hospital psiquiátrico. El futuro suegro del pintor, Heinrich Eufinger, médico de las SS, estuvo destinado en el hospital en el que Marianne estaba recluida. Eufinger, retratado sonriendo junto a su mujer e hijos, aparece en la exposición en ‘La familia Richter en la playa’ (1964).

Marianne murió de hambre como parte del programa de eutanasia nazi, aunque Richter desconocía estos detalles cuando en 1965 le hizo un retrato tomado de una instantánea en la que aparecía él mismo, de niño, sentado en su regazo cuando ella tenía 14 años. Lo descubriría cuando el periodista Jürgen Schreiber desveló estos hechos en su biografía: ‘Un pintor de Alemania’ (2005).Noticia relacionada No No Georges de La Tour resucita en París Marina ValcárcelDresde fue devastada por la RAF británica en febrero de 1945. El bombardeo se reflejaría en su obra: ’14. Feb.

45′ (2002), una toma de reconocimiento aéreo retocada de Colonia en ruinas, bombardeada el mismo día que Dresde, que testimonia la manera en la que este hecho seguía atormentándole seis décadas después. Tras la guerra, la familia Richter se encontró dentro de la zona de ocupación soviética, convertida en la Alemania Oriental comunista.Gracias a su madre el pintor tuvo acceso a libros sobre Velázquez, Durero y el impresionista y expresionista alemán Lovis Corinth . A los 15 años empezó a asistir a clases nocturnas de pintura. En 1950 se convertía en pintor de decorados para un teatro y, poco después, solicitó ingresar en la Academia de Arte de Dresde.

Regresó a una ciudad en ruinas, en cuya academia se hacía hincapié en el realismo socialista, el estilo oficial de la Unión Soviética bajo Stalin. Richter se mantuvo al tanto de las novedades en Occidente gracias a una tía que vivía en Alemania Occidental y le mandaba libros y revistas de arte y fotografía. Viajar entre las dos Alemanias era más fácil antes de que se erigiera el Muro de Berlín y el pintor estuvo varias veces en la parte Occidental, donde conoció las novedades en cine, teatro y arte, algo que, junto con el contacto con las pinturas de Caspar David Friedrich en Dresde, sembraría las semillas de su obra futura. En 1959 viajó a Kassel, para asistir a Documenta Il , donde descubrió a Jackson Pollock, Jean Fautrier y Lucio Fontana.

Fue un momento decisivo y, en abril de 1961, poco antes de que se levantara el Muro, él y su primera esposa, Emma, se exiliaron. Richter ingresaría en la Academia de Arte de Düsseldorf .La retrospectiva de este invierno en París es determinante por ser la primera vez que, en esta ciudad, se presenta ‘ Birkenau ‘, el sobrecogedor cuadríptico que lleva el nombre del campo de concentración de Polonia que formaba parte del complejo Auschwitz-Birkenau , el mayor de la Alemania nazi. Las pinturas suponen la culminación de décadas de su lucha por crear una respuesta al Holocausto.Según ha declarado Richter, hasta relativamente tarde no conoció fotos del exterminio judío. En ‘ Atlas ‘, la colección de fotografías, recortes de periódico y bocetos que ha recopilado en hojas sueltas desde 1961 y que le sirve de fuente para sus pinturas, hay imágenes del exterminio desde 1967.

Aquel año incluyó numerosas instantáneas de libros y prensa, algunas muestran a mujeres obligadas a desnudarse y dirigirse a la cámara de gas aunque entonces Richter no supo utilizarlas como tema para sus pinturas.Cuarenta años más tarde, vio unas fotos en el libro del filósofo Georges Didi- Huberman ‘Imágenes pese a todo: Memoria visual del Holocausto’ (2003). Son cuatro tomas clandestinas de un día de verano de 1944 en el crematorio V hechas por los prisioneros asignados al Sonderkommando -normalmente judíos, obligados colaborar en los campos- que sintieron la necesidad, tan peligrosa para ellos, de arrancar de su infernal trabajo algunas fotografías que pudieran dar testimonio de la magnitud de la masacre. Desde una puerta a las cámaras de gas, con un ángulo extraño hacia el cielo y el paisaje, capturaron el proceso de exterminio, la preparación de las víctimas y la incineración de los cadáveres.Aquellos «cuatro trozos de película arrancados del infierno» -según Didi- Huberman- iluminaron la oscuridad de Richter. El proceso que utilizó para revelar la verdad que percibió en las imágenes fue el de prueba y error.

Primero intentó pintarlas tal como eran, pero reconoció no ser capaz de expresar su crueldad. Entonces raspó la pintura y comenzó a aplicar capas de negro, blanco y gris. Luego añadió rojo y verde en sus tonalidades más oscuras, el rojo evocaba la sangre y el verde el recuerdo de los bosques que rodeaban el campo de la muerte. De esta manera fue velando las figuras iniciales que quedaron sepultadas bajo la acumulación de densas capas de pintura que asomaban a través de los huecos dejados por los posteriores tirones de espátula.

La factura de los lienzos y la paleta relativamente sobria reflejan la lucha interior del artista. Junto con los lienzos, Richter quiso presentar las reproducciones de las cuatro fotografías para mostrar su origen y rendir homenaje a sus autores. En 2019, el artista añadió cuatro cristales teñidos de gris siguiendo un principio que había comenzado a utilizar en la década de 1980 y que convertía al espectador en parte integrante de la obra. De esta manera pueden verse en la exposición de París.Entre 2015 y 2017, Richter realizó pinturas abstractas muy expresivas.

‘Birkenau’ le había abierto el paso a la creación de otros cuadros que, a diferencia de los ‘Monocromos blancos’ (2009), poseían una diversidad cromática extraordinaria y adoptaban, en su factura, gran variedad de expresiones. Aplicando capas infinitas de diferentes colores, Richter era como un director de orquesta en plena apoteosis sinfónica. En 1995, medio decenio después de la unificación alemana y la caída del Muro de Berlín, se llevó a cabo la restauración del Reichstag y se le encargó una obra para el nuevo espacio. Al principio, Richter consideró la oportunidad para hacer su obra sobre el Holocausto que había contemplado durante mucho tiempo.

En cambio, en el espíritu de la Vergangenheitsbewältigung -la lucha filosófica de la cultura alemana para superar los pecados de su pasado- el pintor creó la esperanzadora: ‘ Negro, Rojo, Dorado ‘ (1999), una oda en los colores de la bandera alemana, que ahora cuelga en una de las dos paredes del vestíbulo del Reichstag. Desde la donación en 2017 por parte del artista, Birkenau ha ocupado la otra pared y desde allí parece susurrar sus palabras: «El arte es la forma más elevada de esperanza».