Nuevos aires en el Teatro de la Abadía con ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’

Nuevos aires en el Teatro de la Abadía con 'Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán'
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Nuevos aires en el Teatro de la Abadía con 'Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán'

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El Teatro de la Abadía presenta una propuesta escénica que aborda la muerte y la ausencia desde una perspectiva luminosa y vitalista. Se trata de ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’, una obra escrita y dirigida por María Goiricelaya, que ya cumple un año desde su estreno en Bilbao bajo el sello de La dramática errante.

La obra, protagonizada por Ane Pikaza y Patxo Telleria, narra la historia de Santi, un hombre diagnosticado con cáncer terminal, y su hija Ane, quienes deciden emprender el Camino de Santiago.

Esta ruta se convierte en un símbolo de la vida, un espacio para aprender a morir mientras se vive, valorando los pequeños detalles que enriquecen la existencia.

Un viaje de aceptación y superación

La propuesta de Goiricelaya se aleja de los clichés y frases de autoayuda, presentando una reflexión honesta y emotiva sobre la muerte. A lo largo del camino, padre e hija se encuentran con historias reales de superación y aceptación, matizadas con un humor sutil que alivia la gravedad del tema.

El montaje cuenta con una destacada puesta en escena, donde la escenografía de David Pascual, la iluminación de David Alcorta y el espacio sonoro de Ibon Aguirre crean una atmósfera envolvente.

El vestuario de Daniel F. Carrasco y las visuales de Estudio Gheada complementan la propuesta estética, mientras que la coreografía de Alberto Ferrero aporta dinamismo a la narración.

Un reparto sólido y afinado

Ane Pikaza y Patxo Telleria lideran un elenco talentoso que incluye a Loli Astoreka, Aitor Borobia, Idoia Merodio y Egoitz Sánchez.

La capacidad expresiva de Pikaza y la solidez de Telleria contribuyen a la emotividad natural de la obra.

Aunque la parte audiovisual tiene una presencia notable, que en ocasiones puede generar cierto distanciamiento, la función avanza con un ritmo que atrapa al espectador. Un giro inesperado al final de la obra disipa cualquier sensación de lejanía, dejando una profunda reflexión sobre la vida y la muerte.