
Una telaraña de conspiraciones previas al 23-F: El objetivo era Adolfo Suárez
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En noviembre de 1980, Adolfo Suárez se encontraba en una situación similar a la de Samuel Ratchett en ‘Asesinato en el Oriente Express’, con múltiples actores deseando su caída. Documentos desclasificados revelan una compleja red de tramas cuyo objetivo final era precisamente ese: derrocar al entonces presidente del gobierno.
El documento clave: “Documentación con una presunta planificación del golpe, manuscrita (1980)”
Este documento, calificado por algunos medios como el bosquejo del plan golpista, parece ser, en realidad, los apuntes de un agente de inteligencia infiltrado entre los conspiradores. El texto describe las operaciones observadas, identifica a los responsables y evalúa la viabilidad de cada plan, anticipando su posible evolución en función del contexto social y político.
Panorámica de las operaciones en marcha
Las primeras seis páginas del documento analizan las múltiples tramas previas al 23-F, dividiéndolas en civiles, militares y protagonizadas por “espontáneos”. Llama la atención que el informante otorgaba la misma importancia a las conspiraciones militares que a las intrigas internas de la UCD, lideradas por figuras como Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón o Rodolfo Martín Villa. Incluso se incluían acciones legítimas de la oposición, como la moción de censura del PSOE.
Las operaciones militares: Tres enfoques distintos
Dentro de las operaciones con componente militar destacan tres: la de los “Tenientes Generales”, la de “los coroneles” y la de los “espontáneos”. A medida que descendía la escala de mando, los planes se volvían más definidos y contundentes.
El golpe rectificador de los Tenientes Generales
Este grupo aspiraba a un golpe de estado clásico, justificado por el terrorismo, la descentralización territorial y el deterioro del orden público. Buscaban un gobierno liderado por un general en la reserva “con capacidad de arrastre” y un político reputado, bajo la supervisión de un rey que “actuaría constitucionalmente”. Se consideraba la posibilidad de que un militar prestigioso como Gutiérrez Mellado o Díez Alegría contara con el apoyo del PSOE.
La estrategia a largo plazo de “Los coroneles”
Este grupo creía que la situación colapsaría en un plazo máximo de dos años y se preparaban para que el “pueblo llamase a las Fuerzas Armadas”. No se oponían a un gobierno de gran coalición UCD-PSOE, con la intención de heredar sus cenizas y promulgar una nueva constitución. Su principal debilidad era la falta de una expresión política que los respaldase.
El vanguardismo de los “Espontáneos” (Operación Galaxia)
Conscientes de la falta de consenso en el estamento militar, estos golpistas creían que un pequeño grupo audaz podría iniciar el cambio y arrastrar al resto. Contaban con el apoyo de “fuerzas nacionales” para una colaboración paramilitar. Su programa incluía una reforma constitucional iliberal, la reversión del proceso autonómico, una nueva ley laboral de corte corporativista, una ley de orden público y el combate contra el terrorismo. Buscaban simplificar el mapa político, erradicando el comunismo e ilegalizando los partidos separatistas.
La “operación mixta” y las ambiciones de Fraga
Los operativos militares convergían en intereses y objetivos con una “operación mixta” impulsada por Rodolfo Martín Villa, favorable a un gobierno de coalición UCD-AP liderado inicialmente por Manuel Fraga. Éste último, según los informes, intentaba convencer a los generales de que él podría ser el “líder civil” necesario, al tiempo que buscaba el contacto con los coroneles. Los “espontáneos” apoyaban una unificación entre AP y los restos de la UCD, mostrando disposición a plegarse a las condiciones de la “mixta” si garantizaba mayores posibilidades de éxito. Todas las opciones contaban, en mayor o menor medida, con el respaldo institucional de la corona.













