
No, tu móvil no te escucha: la verdadera razón por la que ves anuncios de todo lo que hablas
Seguro que te ha pasado alguna vez: mantienes una conversación sobre un viaje, un producto o una afición y, poco después, los anuncios sobre ese mismo tema inundan tu móvil y ordenador. Esta situación ha alimentado el mito de que los dispositivos nos escuchan permanentemente, pero la realidad es menos misteriosa y más técnica.
Según Javier Prenafeta, abogado, delegado de protección de datos y miembro de la Asociación Aragón Privacidad, la explicación no está en el micrófono, sino en el rastro digital que dejamos al navegar por internet, principalmente a través de las famosas cookies.
Aunque los asistentes como Siri o Alexa realizan una “escucha pasiva” para activarse cuando los invocamos, una vigilancia constante para fines publicitarios “sería ilegal, y no es ni eficiente ni rentable”, aclara Prenafeta. Imaginar el volumen de datos que supondría escuchar y procesar las conversaciones de millones de usuarios evidencia la inviabilidad de esta teoría. La clave está en un sistema más sutil basado en nuestro comportamiento online.
El verdadero responsable de que veamos anuncios sobre temas que nos rondan la cabeza es una combinación de nuestro rastro digital y un fenómeno psicológico.
Por un lado, cuando navegamos, las plataformas analizan nuestras acciones: las búsquedas que hacemos, las noticias que leemos o si permanecemos más de tres segundos viendo un vídeo. “Todo eso va creando un perfil de usuario” con intereses definidos al que se dirige la publicidad, señala el experto.
A este perfilado se suma el llamado “sesgo de confirmación”, un atajo mental que nos hace prestar más atención a la información que reafirma nuestras ideas o intereses recientes. Prenafeta lo explica con un ejemplo claro: “Es como cuando estás embarazada y de repente ves embarazadas por todas partes”.
Nuestro cerebro tiende a “reconocer e identificar contenidos y anuncios sobre la base de ideas preconcebidas”. De los miles de impactos publicitarios que recibimos, solo reparamos en los que conectan con algo que ya teníamos en mente, como ese viaje que habíamos estado buscando previamente.
Las ‘cookies’ son, técnicamente, pequeños ficheros de texto que las páginas web guardan en nuestro ordenador o móvil.
Su función es registrar nuestra actividad: clics, búsquedas, tiempo de permanencia o productos añadidos al carrito.
Los anunciantes recuperan después esta información para mostrarnos publicidad acorde a nuestros intereses. Este perfil no solo se nutre de nuestra información, sino también de datos inferidos de usuarios con gustos similares, lo que permite a los algoritmos deducir nuestro género, edad o aficiones.
Existen dos grandes tipos de ‘cookies’. Por un lado, las cookies técnicas o esenciales, que no requieren consentimiento porque son necesarias para el funcionamiento de la web, como guardar el idioma o gestionar una compra.
Por otro, están las cookies de marketing o publicitarias, que sí necesitan un consentimiento expreso del usuario porque son las que se utilizan para rastrear y crear perfiles con fines comerciales. Son estas últimas las que aceptamos, a menudo sin leer, al pulsar el botón de “Aceptar todas”.
El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la normativa española son claros: el usuario debe dar un consentimiento informado, libre y voluntario para el uso de cookies publicitarias.
Por ello, todas las webs ofrecen la posibilidad de “Aceptar”, “Rechazar” o “Configurar”.
Según Prenafeta, la opción más responsable es tomarse un momento para usar el panel de configuración. “Si fuéramos un usuario responsable, configuraríamos las cookies antes de aceptar o rechazar todo”, afirma, para ser conscientes del rastreo que permitimos.
Rechazar las cookies de marketing no debería afectar a la funcionalidad de la página, simplemente veremos anuncios menos personalizados. Otras herramientas, como la navegación en modo incógnito, evitan que se guarde el historial o las cookies de esa sesión en el dispositivo, pero no impiden que la web que visitamos recoja información. La gestión se complica en los móviles por el tamaño de la pantalla y la inmediatez que buscamos, lo que lleva a muchos a aceptar sin más.
El experto concluye que las ‘cookies’ no son “malas” en sí mismas, pero es fundamental que el usuario sea consciente de lo que acepta.
Este control es especialmente relevante en el caso de los menores de edad, que son más vulnerables a la publicidad dirigida y a la inducción al consumo. Perder unos segundos en configurar nuestras preferencias de privacidad es el primer paso para tener una relación más saludable y segura con el mundo digital.












