
NUEVO TITULO: Bizkaia revoluciona el cuidado de ancianos con unidades convivenciales tipo hogar
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Bizkaia está transformando radicalmente su sistema de atención a personas mayores dependientes, dejando atrás las residencias masivas para adoptar un modelo más humano y hogareño: las unidades convivenciales.
Adiós a las grandes residencias, bienvenida la calidez del hogar
Estas unidades, diseñadas para albergar un máximo de 25 personas, buscan recrear un ambiente similar al de un hogar, tanto en diseño como en tamaño, alejándose de la atmósfera institucional de los centros tradicionales. La Diputación Foral de Bizkaia impulsa este cambio con el objetivo de ofrecer una atención más personalizada y centrada en el bienestar del residente.
Un modelo en expansión
La transición hacia este nuevo modelo de cuidados comenzó en 2021 y avanza a paso firme. Actualmente, existen alrededor de 800 plazas autorizadas bajo este esquema y otras 850 están en proceso de aprobación, según datos de la Diputación Foral. En un futuro cercano, se espera contar con cerca de 1.600 plazas en unidades convivenciales, lo que representará más del 15% del total de plazas residenciales en el territorio, según Toño Barañano, director general para la Promoción de la Autonomía Personal.
Transformación estructural y beneficios para la convivencia
La implementación de este modelo ha implicado cambios estructurales significativos en los centros.
Eunate Luzuriaga, psicóloga del centro Loiu Gurena, explica que se han realizado obras para crear espacios más pequeños y acogedores, incluso incorporando cocinas en cada unidad para priorizar “lo doméstico frente al aspecto más institucional”. La heterogeneidad de los grupos, que inicialmente generó ciertas dudas, ha demostrado ser “algo enriquecedor” para la convivencia.
Atención personalizada y continuidad del proyecto vital
Este sistema permite conocer en profundidad la historia de vida de cada residente. Al trabajar con grupos reducidos y personal estable, es posible adaptar los cuidados a los “gustos, preferencias y necesidades” individuales, eliminando horarios rígidos. El objetivo final, según Barañano, es que las personas sientan que pueden “continuar con su proyecto vital aunque hayan cambiado de domicilio”.
El rol fundamental de las familias
Las familias desempeñan un papel crucial en este nuevo enfoque, promoviendo una mayor participación en el día a día de los residentes.
Se les anima a personalizar las habitaciones para que los ancianos se sientan como en casa. “Tenemos la convicción de que cuanto más tuyo lo sientas, mejor te vas a sentir”, afirma Luzuriaga, subrayando que contar con objetos familiares como fotos, cojines o un sillón propio ayuda a que la persona se sienta más cómoda y segura.
Acceso a las unidades convivenciales
El proceso de acceso a estas plazas no difiere del de una residencia convencional. Se basa en la valoración de la dependencia y la solicitud de plaza, estando sujeto a la disponibilidad en el centro elegido que cuente con este tipo de unidades.













