
Aumento de Alquileres y Desahucios Encubiertos: La Cruel Realidad del Mercado Inmobiliario
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Hace unos meses, el autor de este artículo escribió con benevolencia sobre los arrendadores de su vivienda, el lugar donde guarda sus pertenencias y se refugia del mundo. Ahora, relata cómo esa percepción ha cambiado drásticamente.
Originalmente, sus arrendadores, una pareja joven, compraron la casa con la intención de vivir allí. Sin embargo, un cambio laboral los llevó a alquilarla por 1200 euros al mes, tras una negociación desde los 1400 iniciales. Durante dos años, la relación fue correcta, con pagos puntuales y atención más o menos rápida a las necesidades de mantenimiento.
La Falsa Promesa y el Desengaño
Recientemente, los propietarios solicitaron visitar el piso con un arquitecto para evaluar una posible reforma, sugiriendo un pronto regreso a Murcia. Aseguraron que avisarían con tiempo en caso de necesitar recuperar la vivienda, incluso más allá de los dos meses legales.
Pero la realidad fue otra. A través de un mensaje de WhatsApp, la arrendadora informó que debían desalojar la vivienda el 1 de abril, otorgando solo cinco días adicionales al plazo legal. La justificación: sus propios arrendadores les exigían abandonar su vivienda en Madrid a fin de año. Al final, mis caseros han resultado ser gentuza, como casi todos los caseros.
Un Problema Sistémico
Este caso no es aislado. En España, en 2026, vencerán más de 632.000 contratos de alquiler, muchos firmados durante la pandemia de 2021, cuando los precios eran más bajos y la prórroga obligatoria era de cinco años. Esto significa que miles de inquilinos enfrentarán aumentos significativos en sus alquileres, con una subida media estimada de 1735 euros anuales.
La situación se agrava al considerar que la vivienda es una necesidad básica. Lo que puede parecer una transacción comercial simple – comprar un piso, alquilarlo para pagar la hipoteca y luego recuperarlo – tiene graves consecuencias en la vida de las personas. Imaginen que esta jugada se la hacen a alguien sin colchón, a alguien con dependientes a cargo, a alguien que no puede absorber 145 euros más al mes ni una mudanza exprés en primavera.
El problema radica en que la lógica del negocio inmobiliario prioriza la rentabilidad sobre el bienestar de los inquilinos. Cuando se decide hacer negocio de una necesidad básica es que no puedes permitirte la franqueza, porque necesitas dar una puñalada amable para no sentirte como el cacho de escoria que eres.
Cuestión de Modales, No de Derechos
Al final, todo se reduce a una cuestión de modales, en lugar de derechos o de una estructura económica justa. El margen legal son dos meses, dicen. El margen moral, al parecer, son cinco días extra y un mensaje larguísimo con un *lo sentimos muchisimo*, obviando lo perverso, lo cruel y lo psicopático que tiene la obscenidad de este sistema que convierte a gente perfectamente integrada, perfectamente moderna y perfectamente simpática en ejecutores rutinarios de un desahucio con muy buenas formas.













