VESTUARIO EN “CUMBRES BORRASCOSAS”: MÁS QUE UNA ELECCIÓN ESTÉTICA

VESTUARIO EN "CUMBRES BORRASCOSAS": MÁS QUE UNA ELECCIÓN ESTÉTICA
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VESTUARIO EN "CUMBRES BORRASCOSAS": MÁS QUE UNA ELECCIÓN ESTÉTICA

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La reciente adaptación de “Cumbres Borrascosas” para 2026 promete una versión modernizada del clásico, enfocada en lo sensorial y estético. Si bien esta aproximación puede funcionar en el ámbito cinematográfico, surge un problema cuando se presenta como una representación fiel de la época, ya que el vestuario deja de ser una simple elección artística y se convierte en una idea errónea que se arraiga en la percepción del público.

En el caso específico de “Cumbres Borrascosas”, esta confusión es particularmente delicada, ya que la novela se sustenta en la confrontación entre clases sociales, la violencia emocional y un paisaje implacable. En la Inglaterra del siglo XIX, la ropa no era meramente una cuestión de apariencia, sino un reflejo de la jerarquía, la moral y el poder adquisitivo.

Entendiendo la moda del siglo XIX para una adaptación honesta

Para vestir a los personajes de Emily Brontë con autenticidad, es fundamental comprender la vestimenta de hombres y mujeres en la primera mitad del siglo XIX, la silueta considerada decente y las prendas que denotaban estatus sin necesidad de palabras. La directora de la adaptación de 2026 ha expresado que su objetivo no es la fidelidad académica, sino una versión guiada por la sensación de leer el libro por primera vez. Esto explica la tendencia a la estilización del vestuario: tejidos aparentemente más ligeros, siluetas que priorizan la belleza contemporánea y un romanticismo visual que atenúa el peso real de la indumentaria histórica.

Sin embargo, “Cumbres Borrascosas” dista de ser un romance idílico. Es una obra áspera, y la ropa de la época, en su estructura, también lo era: capas, sujeciones y normas sociales intrínsecamente ligadas a las telas. La estética actual tiende a “limpiar” lo incómodo, mientras que la moda del siglo XIX está repleta de incomodidades con significado. Es ahí donde un vestuario fiel puede transmitir información de manera sutil.

Del Rococó al Romanticismo: Un recorrido por la moda de la época

Para comprender el vestuario real de la época, es necesario analizar la evolución desde el Rococó tardío hasta el Neoclasicismo y, finalmente, la moda romántica (1820-1850). En términos sencillos, se pasa de la arquitectura exagerada del siglo XVIII a una etapa neoclásica más ligera y, posteriormente, a un retorno gradual del volumen, la estructura y la cintura natural.

En la primera mitad del siglo XIX, la moda ya no se asemeja a la de María Antonieta, pero tampoco se reduce al “vestido vaporoso eterno” que a veces se presenta en la cultura popular. El corte Imperio (bajo el pecho) va descendiendo con el tiempo, y las faldas comienzan a adquirir volumen gracias a enaguas y capas internas. Los peinados y tocados también desempeñan un papel importante, al igual que los colores y la calidad de los tejidos, que revelan el lugar que ocupa una persona en la sociedad.

El vestuario como reflejo del conflicto social en “Cumbres Borrascosas”

En una historia como “Cumbres Borrascosas”, este código social es invaluable. Catherine puede transitar entre mundos, pero no lo hace sin consecuencias. El vestuario no solo debería realzar su belleza, sino también evidenciar cuándo se encuentra en un entorno rural y cuándo en un espacio más refinado. Vestirla como una musa atemporal diluye el conflicto, ya que precisamente el conflicto reside en la ausencia de lo atemporal.

Lo mismo ocurre con Heathcliff. La ropa masculina de la época tiende a la sobriedad, pero dentro de esa sobriedad existen diferencias notables entre alguien humilde y alguien adinerado. La forma del abrigo, el estado del tejido, el corte, el chaleco y el sombrero son elementos que transmiten información.

Época Victoriana: Estructura y Clase Social, No Solo Romanticismo

Al evocar la época victoriana, es común imaginar encajes delicados y melancolía. Sin embargo, en la vestimenta cotidiana, la estructura era primordial. Un rasgo distintivo de la moda romántica son las mangas gigot o “pata de cordero”, voluminosas en la parte superior y estrechas hacia la muñeca, particularmente características de las décadas centrales del siglo XIX. Este detalle no es trivial, ya que crea presencia, impone una “forma correcta” del cuerpo y, al mismo tiempo, limita.

Esto se alinea con el universo de Emily Brontë, donde la moral social no es un mero adorno, sino una fuerza opresiva. La ropa, de manera similar, no se reduce a si Catherine usaría corsé (lo cual es probable en cierta medida), sino a lo que este representa: disciplina corporal, decencia y clase. Tampoco se trata únicamente del volumen de la falda, sino de cómo ese volumen declara una posición social y el acceso a materiales y tiempo.

Por lo tanto, si se busca una “ropa original” en lugar de una reinterpretación, la clave está en priorizar las prendas que construyen una silueta, y en fomentar la tensión entre el cuerpo y la norma, en lugar de optar por una modernización complaciente.

En última instancia, la fidelidad histórica no anula la emoción, sino que la amplifica. En “Cumbres Borrascosas”, los personajes no sufren de manera abstracta, sino en un mundo concreto, con reglas concretas. Y la ropa, en la época victoriana, era una de esas reglas: se llevaba puesta, pero también ejercía control sobre quien la vestía.