¿Ansiedad por la comida al final del día? La planificación es la clave

¿Ansiedad por la comida al final del día? La planificación es la clave
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

¿Ansiedad por la comida al final del día? La planificación es la clave

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Llegar a casa exhausto y sentir la necesidad imperiosa de comer, seguido de un sentimiento de culpa, es una experiencia común. El nutricionista Diego Morillas, de la Farmacia Eloísa Molina, explica que esta ansiedad no es una cuestión de falta de voluntad, sino de planificación.

El hambre emocional: una respuesta al estrés

La sensación de perder el control con la comida no es un signo de debilidad. El hambre emocional surge cuando el sistema nervioso está saturado por el estrés, la falta de sueño o una alta carga mental. Esta situación eleva los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y al llegar a casa agotado, el cuerpo busca alivio inmediato en la comida.

No se trata de ser débil, sino de la biología en modo supervivencia.

Un cerebro cansado, sin una estructura a lo largo del día, no toma decisiones inteligentes. La improvisación constante en horarios, comidas y descanso lleva a un estado de caos que activa el instinto primario de buscar una recompensa rápida en la comida.

La solución: planificación semanal

La solución a este ciclo es la planificación semanal de las comidas. Esta estructura debe comenzar el fin de semana, asegurando que el lunes empiece con un plan para el desayuno, el almuerzo y la cena. Esta anticipación reduce drásticamente las decisiones impulsivas.

El desayuno: el pilar de la regulación hormonal

El desayuno es fundamental, ya que es la base de la regulación hormonal del día.

Un simple café puede provocar picos y caídas bruscas de glucosa, aumentando la ansiedad. Un desayuno completo con proteína, grasa y carbohidratos, como una tortilla francesa con aguacate y fruta, o yogur natural con frutos rojos y nueces, es ideal.

La merienda: no te la saltes

Saltarse la merienda es un error común, especialmente al intentar perder peso. Omitirla lleva a llegar a la cena con mucha más hambre. Opta por opciones saciantes pero no muy calóricas como yogur natural con nueces, fruta con proteína o kéfir con frutos rojos.

Almuerzo: estabilidad para la tarde

Un almuerzo equilibrado combina hidratos de carbono, proteína y fibra, como patata cocida o asada, pechuga de pollo y una ensalada.

La patata proporciona energía estable, el pollo la proteína necesaria y la ensalada fibra y volumen, contribuyendo a la saciedad. Los platos de cuchara también son una excelente opción.

Cena: cenar con sentido

El error más común es cenar muy poco, como una simple ensalada de lechuga, con la idea de perder peso. Es importante añadir una fuente de proteína como pollo, atún o huevo. Otras alternativas incluyen una fajita o una tortilla francesa con verduras salteadas.

La clave es cenar con sentido para que el cuerpo no entre en modo estrés de nuevo.

¿Antojos después de cenar?

Si sientes ganas de comer después de una cena equilibrada, distingue si es hambre física real o un hábito emocional. Si has cenado suficiente, suele ser un hábito. Prueba a tomar una infusión caliente, respirar, cepillarte los dientes y meterte en la cama. Si el hambre es real, un yogur natural o un poco de queso fresco es una opción válida.

Menos improvisación, más estructura

El problema de fondo no es la comida, sino el ritmo de vida caótico.

Vivimos improvisando y exigimos al cuerpo que tenga el control. El cuerpo necesita orden para regularse. El hambre emocional no se controla luchando contra ti, sino reeducando con estructura. No se necesita más fuerza de voluntad, sino menos improvisación y una dirección clara.