UNA CAZADORA DE FÓSILES ENCUENTRA UNA “SONRISA” DE 350 MILLONES DE AÑOS

UNA CAZADORA DE FÓSILES ENCUENTRA UNA "SONRISA" DE 350 MILLONES DE AÑOS
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UNA CAZADORA DE FÓSILES ENCUENTRA UNA "SONRISA" DE 350 MILLONES DE AÑOS

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Una aficionada a la búsqueda de fósiles, Christine Clark, hizo un descubrimiento sorprendente en la isla de Lindisfarne, Northumberland: una columna fosilizada de crinoideo del Carbonífero que, al fracturarse y curvarse, presenta un parecido asombroso con una dentadura humana. Este hallazgo ha generado gran interés y debate en las redes sociales.

El hallazgo en Lindisfarne

Lindisfarne, conocida como la “isla sagrada”, es un lugar especial que queda aislada dos veces al día por las mareas. Es famosa por las llamadas “cuentas de Cuddy”, pequeños discos fósiles asociados a la tradición de San Cuthbert. Sin embargo, el hallazgo de Clark es diferente y más inusual.

Identificación del fósil

El British Geological Survey (BGS) identificó el fósil como parte del tallo de un crinoideo. Los crinoideos, también conocidos como “lirios de mar”, son equinodermos que han existido desde el Cámbrico, hace más de 500 millones de años. Este espécimen en particular probablemente proviene de la Formación Alston, una unidad de calizas oscuras del Carbonífero con una antigüedad aproximada de 350 millones de años.

La peculiaridad del hallazgo reside en la forma en que la columna del crinoideo se fracturó y curvó, imitando la apariencia de una boca sonriente.

Fósiles comunes, hallazgos raros

Aunque los huesecillos individuales de crinoideos son comunes en la costa de Northumberland, encontrar fragmentos articulados es menos frecuente. La desarticulación después de la muerte del organismo explica por qué los discos sueltos son más comunes que las columnas completas.

La preservación articulada depende de condiciones muy específicas de enterramiento rápido y baja energía sedimentaria.

Entre ciencia y tradición

Las “cuentas de Cuddy”, que son discos de tallos de crinoideos, se recogían en la Edad Media y se ensartaban en collares, atribuyéndoles propiedades espirituales. Estas piezas se integraron en la tradición local vinculada a San Cuthbert.

Este descubrimiento demuestra cómo un hallazgo casual puede conectar la cultura popular con la ciencia, ofreciendo una ventana al Carbonífero, cuando gran parte del norte de Inglaterra estaba cubierto por mares poco profundos.

En un momento en que el interés por la paleontología amateur está en aumento, organismos como el BGS enfatizan la importancia de documentar correctamente los hallazgos y respetar las regulaciones locales sobre la recolección de fósiles.

Christine Clark ha decidido conservar su hallazgo, una criatura marina de hace 350 millones de años que ahora parece sonreír.