Nannarella eterna: Un homenaje a Anna Magnani

Nannarella eterna: Un homenaje a Anna Magnani
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Nannarella eterna: Un homenaje a Anna Magnani

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El 7 de marzo, muchos recordarán el aniversario del nacimiento de Anna Magnani, la actriz a quien Federico Fellini llamó “loba y vestal”. Eduardo de Filippo llegó a decir que, a su muerte, “hasta el empedrado de Roma” gritó.

La Roma de Fellini y la “dulzura profunda” de la vida

Fellini, al hablar de *La Dolce Vita* (1960), aclaró que el título no tenía una intención moralista ni denigrante. Para él, Roma representaba una “dulzura profunda” inherente a la vida. No le interesaba la Vía Veneto ni las orgías burguesas; su Roma era “una ciudad interior”, una perspectiva diferente a la de su documental *Roma* de 1972.

La atemporalidad en el cine y la figura de Magnani

La noción de que “la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una obstinadamente duradera ilusión”, como escribió Albert Einstein, se manifiesta en *Roma* de 1972. Particularmente, a través de Anna Magnani, quien en la película rechaza ser entrevistada por Fellini y se despide de él en el portal de su casa en el Palazzo Altieri. Esta sería la última película de Magnani, el “símbolo della città”, fallecida el 26 de septiembre.

Magnani: Múltiples rostros de la mujer romana

A lo largo de su carrera, Magnani encarnó a diversas mujeres romanas: la novia del antifascista en *Roma ciudad abierta*, la verdulera en *Abajo la riqueza*, la artista frustrada en *Bellísima*, la prostituta en *Mamma Roma*, y ella misma en *Roma*. Todas estas figuras, o Romas, establecen una conexión atemporal en su despedida de Fellini, similar a la desaparición de los frescos en la escena del Metro.

Aunque no sean lo mismo, la ironía de una actriz cansada y la protesta contra la modernidad en los rostros policromados comparten una “dulzura profunda” de la vida, una conexión con todas las vidas y todos los tiempos.

Realidad, no ensoñación

No se trata de una ensoñación o una ficción que “genera una nueva realidad, la realidad del arte”, sino de la realidad misma. Magnani es Magnani en *Roma*; los rostros fugaces, nosotros.

A diferencia de los finales de Pietro Germi y Vittorio de Sica, la presencia de Magnani añade un factor de permanencia que multiplica el efecto. Ella era “la mujer menos convencional” del mundo, como la describió su amigo Tennessee Williams.

El olvido y la necesidad de recordar

El hijo de Anna Magnani lamentó que los jóvenes desconozcan a su madre, culpando a quienes permiten el olvido de la época dorada del cine italiano. Esta deconstrucción cultural es un problema compartido entre Italia y otros países.

Un poema para Nannarella

Cuando la ola del olvido pase, se volverá a entender la autenticidad del poema que Eduardo de Filippo escribió tras la muerte de Magnani: “Confundiéndose con la lluvia/ sobre la acera/ caen los ojos que veían/ los ojos de Nannarella/ que seguían la marcha/ lenta, desanimada,/ cada paso perdido de la pobre gente./ El empedrado de Roma/ ha gritado/ y las piedras del mundo/ lo han oído”.