El rey ante el dilema de su padre: ni traerlo, ni abandonarlo

El rey ante el dilema de su padre: ni traerlo, ni abandonarlo
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El rey ante el dilema de su padre: ni traerlo, ni abandonarlo

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Felipe VI se encuentra en una encrucijada: cómo lidiar con el legado y las acciones pasadas de su padre, Juan Carlos I, sin comprometer la estabilidad y legitimidad de su propio reinado.

El peso del pasado

Juan Carlos I abandonó España en 2020, seis años después de su abdicación. Desde entonces, Felipe VI ha mantenido una marcada distancia, incluso negándole la invitación al cincuentenario de su coronación. Esta ausencia, aunque incómoda, plantea dos dilemas fundamentales para el actual monarca.

Primer dilema: el rechazo de la herencia

¿Hasta dónde puede Felipe VI repudiar a su padre? Si bien se distanció de él, una ruptura total cuestionaría su propio reinado, ya que su legitimidad proviene de su progenitor. Le retiró la asignación pública, lo excluyó de actos oficiales y renunció a la herencia monetaria proveniente de fundaciones en Suiza y paraísos fiscales. Sin embargo, rechazar la herencia, incluyendo la corona, plantea un desafío para un rey.

Segundo dilema: el castigo simbólico

El debate sobre el regreso de Juan Carlos I reaviva la cuestión del castigo. Su comportamiento fiscal fue considerado antipatriótico y merecedor de una condena. Aunque regularizó parte del dinero evadido, otra parte prescribió y la tercera no pudo ser juzgada debido a su inviolabilidad constitucional. Para mitigar la sensación de impunidad, Felipe VI le impuso un castigo simbólico: Abu Dabi, un exilio dorado que le permite disfrutar de ciertas libertades, como visitar Sanxenxo.

Condiciones para el regreso

Felipe VI ha establecido dos condiciones para el regreso de su padre a España: no residir en Zarzuela y tributar en España. Si bien parecen exigencias razonables, Juan Carlos I se resiste a cumplirlas. Esta situación permite a Felipe VI mantener un control sobre las visitas de su padre, quien puede venir cuando quiera, pero no como quiera.

El 23F y la inviolabilidad

El autor del artículo considera inaceptable que se utilice el papel de Juan Carlos I durante el intento de golpe de Estado del 23F para justificar su regreso. Si bien su actuación fue crucial en ese momento, los abusos de poder y delitos fiscales que cometió posteriormente no pueden ser ignorados. La inviolabilidad, según el autor, no es un concepto abstracto, sino millones de euros evadidos al fisco.

El futuro de la monarquía

Con el tiempo, se ha comprendido que el apego democrático de Juan Carlos I en 1981 se basaba en una simbiosis: él necesitaba la democracia para legitimarse y la democracia lo necesitó a él en ese momento crucial. Sin embargo, sus acciones posteriores, como la corrupción, generaron desafección democrática. Felipe VI, consciente de ello, deberá medir cuidadosamente la pompa del funeral de su padre. Solo entonces, sus dilemas comenzarán a disolverse y podrá consolidar su propio reinado.