
Un policía torpe y unos mandos corruptos en el juicio a los Pujol
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El juicio a los Pujol ha tenido como protagonistas esta semana a los policías, aunque no precisamente por su buen hacer. La atención se centró en los integrantes de la brigada política del PP, si bien el testigo clave era el inspector jefe 89140, firmante de los atestados que sustentan la acusación de la Fiscalía.
La credibilidad del inspector jefe en entredicho
La defensa, especialmente la de Jordi Pujol Ferrusola, logró mermar la credibilidad del inspector, quien se perjudicó al declarar sentir “animadversión personal” hacia los Pujol, algo inusual en un investigador principal. Posteriormente, matizó que su aversión se dirigía a los abogados, no a la familia.
El pasado del inspector y la Operación Catalunya
El inspector jefe 89140 se libró de ser juzgado por el caso del ‘pendrive’, la única condena derivada de la Operación Catalunya, con la que la brigada política del PP intentó manipular el caso Pujol. Este inspector recibió información obtenida ilegalmente por el exjefe de la Policía, Eugenio Pino, pero el juez José de la Mata retiró esta información del caso, evitando así su nulidad total.
El papel del magistrado y el foco en Jordi Pujol Ferrusola
El magistrado José Ricardo de Prada mantuvo el control de la vista pese a la declaración inicial del inspector. El protagonista del juicio es Jordi Pujol Ferrusola, sobre quien recaen las acusaciones más graves y quien es considerado el eje de la corrupción familiar.
Debilidades en la investigación policial
El interrogatorio de Cristobal Martell, abogado de Jordi Pujol Ferrusola, dejó al descubierto las debilidades de la investigación policial. La testifical del inspector jefe, que duró casi diez horas, es consecuencia de una investigación extensa que, en lugar de centrarse en las operaciones más evidentes de Jordi Pujol Ferrusola, rastreó la totalidad de su vida empresarial, generando un sumario inmanejable.
La operación corrupta y la fortuna oculta
El fiscal conectó la fortuna oculta con el caso Grand Tibidabo, relacionado con Javier de la Rosa. Sin embargo, el inspector admitió que su base era la declaración de un testigo de esa causa de la que “desconocía” el recorrido. Ante esto, el inspector se excusó diciendo: “No pretendo dilucidar la verdad final”.
Trabajos inexistentes y obras de la Generalitat
Martell logró que el inspector reconociera que una afirmación de su informe no era del todo correcta. El mando defendió que Pujol Ferrusola había cobrado 652.000 euros de la constructora Isolux por no hacer nada en un negocio en Gabón, pero terminó por reconocer que había documentación que demostraba que sí viajó al país. El inspector admitió no haber investigado si hubo amaños en las adjudicaciones públicas vinculadas con comisiones ilegales, argumentando que los pagos buscaban “una garantía de influencia a lo largo del tiempo”. También dijo no haber estudiado los procesos de recalificación urbanística ni investigado el posible “delito previo” al blanqueo de capitales.
Conclusiones sobre la investigación
La gran mentira del expresident y los desmanes empresariales de su primogénito son compatibles con la constatación de que la Policía no hizo su mejor trabajo al investigar el origen de la fortuna oculta. Una tesis policial plausible, aunque difícil de demostrar, es que los pagos a Jordi Pujol Ferrusola pretendían “una garantía de influencia a lo largo del tiempo”, algo que requeriría de empresarios que lo corroboraran, lo cual no ha ocurrido en esta causa.
La brigada política del PP
La actuación de Eugenio Pino y el resto de mandos de la brigada política del PP que comparecieron como testigos fue confusa y poco compatible con quienes han ostentado la cúpula policial. A todos ellos les quedan juicios pendientes, como el de la Kitchen.












