Un vistazo a la vida en los valles pirenaicos: El sector ovino en la cuerda floja

Un vistazo a la vida en los valles pirenaicos: El sector ovino en la cuerda floja
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Un vistazo a la vida en los valles pirenaicos: El sector ovino en la cuerda floja

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Son las 6:30 de la mañana y los primeros rayos de sol iluminan las cumbres. Para José Manuel, esto significa el inicio de una jornada laboral de quince horas en su granja, ubicada en Los Molinos, un pequeño municipio en el Pirineo oscense.

El artículo explora la distancia entre la vida urbana y la realidad del sector primario, específicamente la ganadería ovina en los Pirineos, una actividad esencial pero a menudo incomprendida.

El autor relata su experiencia trabajando junto a José Manuel, un ganadero local que heredó el oficio de su padre y se esfuerza por mantener viva la tradición en un entorno cada vez más desafiante.

La rutina en Los Molinos

La vida en Los Molinos transcurre entre conversaciones sobre la propiedad de la tierra y la historia de las familias que han habitado la zona durante generaciones. A medida que se adaptaba a la rutina, el autor comenzó a comprender la forma de pensar de José Manuel y su conexión con la tierra.

A pesar de las diferencias en sus orígenes y conocimientos, el autor sintió que la distancia entre sus perspectivas se acortaba con cada amanecer, gracias a las largas horas de trabajo y las conversaciones con otros pastores de la zona.

Burocracia y la PAC: Un peso para los ganaderos

Una de las principales preocupaciones de los ganaderos es la excesiva burocracia impuesta por las autoridades. La mayoría depende de la Política Agraria Común (PAC), que representa alrededor del 35% de sus ingresos. Sin embargo, la última reforma de la PAC ha aumentado la carga administrativa, dificultando aún más su trabajo.

Aunque la burocracia busca democratizar la asignación de subvenciones, la necesidad de documentar cada detalle consume su tiempo y energía. Además, la rigidez de los requisitos ignora la realidad ambiental, lo que puede resultar en penalizaciones y la pérdida de subvenciones.

La obligatoriedad de solicitar permisos para tareas básicas como quemar aliagas o desbrozar caminos añade otra capa de complejidad. Estas prácticas, transmitidas de generación en generación, son esenciales para el mantenimiento de las explotaciones.

El riesgo de la industrialización y la pérdida de la ganadería extensiva

La conversión de la ganadería en una mera industria contradice los mensajes ecologistas de la UE, ya que favorece un modelo productivo que ignora los beneficios medioambientales de la ganadería extensiva y amenaza la supervivencia de productos autóctonos como el Ternasco de Aragón.

La ganadería extensiva, por el contrario, contribuye al equilibrio de los ecosistemas rurales. “La trashumancia y el pastoreo ayudan a limpiar el monte, a reducir el riesgo de incendios, aportan abono natural y regulan la vegetación sin destruirla”, explican los pastores.

A pesar de estos beneficios, los productos de la ganadería extensiva reciben pocos incentivos y deben competir con importaciones más baratas. Esto, sumado a la caída del consumo nacional de ovino, amenaza la viabilidad del modelo y del oficio de pastor.

La falta de relevo generacional: Una preocupación constante

La ausencia de un relevo generacional claro es otra fuente de preocupación para los ganaderos. Las nuevas generaciones a menudo no se sienten atraídas por un trabajo que exige dedicación casi total, ofrece poco tiempo libre y carece de estabilidad económica.

Para abordar este problema, han surgido iniciativas como el proyecto BEEP (BioEconomía forestal para potenciar el Pastoralismo en los Pirineos), que busca promover los valores culturales y ecosistémicos de la ganadería extensiva y explorar soluciones como la figura del pastor compartido.

El pastor compartido es un asalariado que rota entre varias granjas, permitiendo que los pastores principales puedan conciliar el trabajo con la vida familiar y tener tiempo libre.

La necesidad de un cambio de enfoque

La supervivencia del sector ovino requiere un cambio de enfoque en las políticas, que deben tener en cuenta la realidad del campo y facilitar la integración de los ganaderos en la vida contemporánea. Es fundamental reconocer la ganadería como una actividad ligada a ecosistemas complejos, no como una simple unidad productiva.

La situación actual exige una mayor empatía con el sector y una revisión del modelo actual. “Aquellas personas que se vayan a incorporar en el futuro están obligadas a tener un número ingente de animales para recibir ayudas, y, aun así, es posible que nunca lleguen a recibir la PAC”, lamentan desde el sector.

Para mantener viva la producción local y garantizar el relevo generacional, es necesario revisar la propiedad de la tierra y mejorar las condiciones del oficio.

Volver a conectar con la tierra

La desaparición del oficio de pastor ovino conlleva peligros ambientales para los bosques y el entorno rural. Es necesario volver a conectar con estos modos de vida y valorar las profesiones vitales para la sostenibilidad de nuestras sociedades.

Debemos alejarnos de las imposiciones del sistema urbano y acercarnos a la realidad de quienes viven en contacto con la tierra, los alimentos y la naturaleza.