
El auge del aguacate en Valencia: ¿éxito agrícola o crisis hídrica?
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La popularidad del aguacate, impulsada por tendencias de alimentación saludable y redes sociales, ha transformado la agricultura valenciana, sustituyendo cultivos tradicionales como los cítricos. Sin embargo, este “oro verde” esconde una contradicción en la gestión del agua en la Comunidad Valenciana.
La expansión del aguacate en la Plana Baixa, el Camp de Morvedre y las Marinas plantea vulnerabilidades ambientales y contradicciones políticas. En una década, la superficie dedicada al aguacate se ha multiplicado por diez, superando las 4.200 hectáreas en la actualidad, convirtiendo a la región en la segunda productora de España, después de Andalucía.
Este éxito comercial se basa en una especie tropical que requiere alta humedad y disponibilidad hídrica, lo que contrasta con el déficit hídrico estructural del territorio. El aguacate demanda entre 6.000 y 8.500 metros cúbicos de agua por hectárea al año, superando a cítricos (5.500-7.000 metros), frutales de hueso (4.500-6.000 metros) y cultivos mediterráneos como almendros y olivos.
Estrés hídrico y política contradictoria
La Generalitat Valenciana, liderada por el PP, apoya la reconversión agraria hacia cultivos de alto valor añadido como el aguacate, ofreciendo formación especializada. Sin embargo, simultáneamente, el gobierno regional critica al Ministerio para la Transición Ecológica por los recortes en el Tajo-Segura, alegando falta de agua.
Es contradictorio que el mismo gobierno que exige trasvases fomente la sustitución de cultivos tradicionales por una planta tropical que consume más agua. Esta estrategia sitúa al campo valenciano en una encrucijada, aumentando la dependencia de transferencias de agua en un contexto político y climático incierto.
La apuesta por la tropicalización de la agricultura valenciana implica un compromiso a largo plazo con un consumo de agua que el propio gobierno reconoce como escaso. La presión sobre los recursos hídricos seguirá creciendo mientras el mercado demande aguacates, generando interrogantes sobre la sostenibilidad de este modelo ante la sequía recurrente.













