
Manolo Vázquez, vestido de memoria en San Bernardo antes de cortar dos orejas en Pineda
Por primera vez, un torero se vestía en ese espacio antes de acudir al ruedo. Y no era un torero cualquiera: era un Vázquez.Una saga ligada al barrio toreroLa vinculación de la familia con la hermandad es histórica. Como sucediera en su día con Curro Cúchares o Costillares, los toreros encontraron en San Bernardo no solo amparo espiritual, sino identidad. El abuelo del actual matador no solo dejó su impronta en los ruedos, sino también en la vida interna de la corporación del Miércoles Santo.Ese legado lo ha sostenido también Manolo Vázquez Gago, ganadero y padre del diestro, quien el pasado mes de octubre organizó el festival de la Maestranza a beneficio de la hermandad, reforzando un vínculo que no entiende de modas ni de generaciones.Antes de partir hacia Pineda, el torero cruzó el umbral de la iglesia para rezar ante sus titulares: el Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio .
Allí, en silencio, pidió suerte. No hacía falta más.Dos orejas y un recuerdo imborrableDespués llegó el toro. Y la respuesta. En el festival de Pineda, Manolo Vázquez cuajó una faena maciza, templada y entregada que fue rubricada con dos orejas.
El triunfo tuvo sabor a liturgia cumplida.Pero más allá del resultado, lo verdaderamente importante había ocurrido antes, en la intimidad de la Casa Hermandad. Porque en Sevilla hay días que empiezan mucho antes del paseíllo. Y hay toreros que, antes de cuadrarse ante el toro, se cuadran ante su historia.Para el joven Vázquez, lo vivido quedará como uno de esos capítulos que no se borran. No fue solo vestirse de torero.
Fue vestirse de memoria.













