
La Iglesia responde al 'giro católico' y propone un equilibrio entre la razón y las emociones para vivir la fe: "Los sentimientos no pueden desligarse de la verdad"
El papel de las emociones en la fe. Este es el contenido sobre el que versa la última nota doctrinal de la Conferencia Epìscopal Española, publicado este martes, 3 de marzo, por la Comisión para la Doctrina de la Fe.
El documento, titulado ‘Cor ad cor loquitur’ (‘El corazón habla al corazón’), viene motivado en un contexto de renacer de la fe cristiana en la sociedad, especialmente entre los jóvenes pertenecientes a la ‘generación Z’, y el surgimiento de iniciativas de ‘primer anuncio’ (como retiros o experiencias de impacto) que facilitan el encuentro con Cristo.
Estas nuevas herramientas de evangelización que para el episcopado “representan un soplo de aire fresco para la Iglesia”. De ahí que ‘Cor ad cor loquitur’ pretenda ser una guía para “ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia”.
Y es que la nota doctrinal recalca que en estas iniciativas de ‘primer anuncio’, las emociones y los sentimientos tienen “un peso importante”, provocando un impacto en la persona que “conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo”. Sin embargo, el episcopado advierte del riesgo de que estas experiencias se reduzcan a “un reduccionismo emotivista de la fe”, que lleva a muchas personas a convertirse “en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual”.
En este sentido, el documento subraya que el anuncio de Cristo no busca “de modo directo” provocar sentimientos, sino que el verdadero impacto está en testimoniar que “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.
En la nota, se hace hincapié en la “absolutización de la afectividad” que impera en la cultura postmoderna.
Los sentimientos y las emociones han llegado incluso a “sostener su irracionalidad”, alerta. “El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del ‘pienso luego existo’ al ‘siento luego existo”, explican los obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe.
El peligro está, se puede leer en el documento doctrinal, en que el hombre “emotivista” está “fragmentado” y “desorientado” al dejarse arrastrar por las emociones “sin ningún horizonte”, viviendo “en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante en tanto que perdura la emoción”. Además, quien fía todo al emotivismo “resulta más fácilmente manipulable” en un contexto social y político donde se apela con frecuencia a las emociones “con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones”.
Una visión que no comparte la Conferencia Episcopal, que alerta del peligro de que la fe dependa “de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento”. ‘Cor ad cor loquitur’ no niega estas emociones como un aspecto importante en la vida humana y espiritual, pero apela a “encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales”.
De lo contrario, advierte el episcopado, se corre el riesgo de que en la vida espiritual se imponga “un bombardeo emocional” que podría considerarse “una forma de abuso espiritual”, en el que cada individuo se obligado a “sentir lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia”.
En este punto la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe pone el foco en experiencias sobrenaturales o místicas “que desvirtúan una auténtica visión de Dios” con el fin de “ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral”, subraya.
Por tanto, el reto que plantea ‘Cor ad cor loquitur’ es el de “facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas”.
1. El centro es Jesucristo
En la nota doctrinal ‘Cor ad cor loquitur’, se recuerda que la vida cristiana comienza “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y ha de ser profesada “no solo con los labios, sino pasándola por el corazón y por la razón”.
De ahí que la Conferencia Episcopal subraye la importante de que “la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria”, e insta a las experiencias de ‘primer anuncio’ “presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre”.
2. Recurrir a los santos que fueron maestros de la espiritualidad
El texto publicado este martes pone también el acento en que la fe no se reduce a determinados dogmas, “sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo”.
En este encuentro con Cristo intervienen los sentimientos, pero se llama a a”aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad”, entre los que destacan a santos como San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Calcuta o Santa Teresa de Lisieux.
3. La fe no se basa solo en sentimientos agradables: se ha de compartir la Cruz
“Se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo.
A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo”, puntualiza el documento doctrinal.
4. Una invitación a la formación integral y continua
‘Cor ad cor loquitur’ invita a los cristianos a una formación “integral y continua” que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva y espiritual), y les llama a iniciarse en itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor”.
5. Reconocer la diversidad de carismas
Por otro lado, se recuerda que la fe se vive en comunidad, reconociendo la “diversidad de carismas”, pero siempre “un mismo Señor”. En este sentido, se señala que “una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto”. Un matiz que hace extensible a los métodos evangelizadores: “Ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros”, sostiene.
6.
Las nuevas iniciativas evangelizadoras deben ser revisadas por los obispos
La nota doctrinal también aclara que las nuevas iniciativas evangelizadoras, que han de ser recibidos “con agradecimiento y alegría”, han de ser sometidos “al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes”.
A su vez, se manifiesta que la fe no puede quedarse en “una experiencia meramente emocional”, sino que se traduce “en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino” para ser fieles al Evangelio.
7. No abusar de lo emotivo en las celebraciones litúrgicas
Por otro lado, se puntualiza que las iniciativas de evangelización no deben fomentar “una oración desencarnada” o unas celebraciones litúrgicas “intimistas y efectistas” para evitar que la liturgia se reduzca a un “devocionalismo” que potencia el “subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental”. “En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento”, advierten los obispos.













