
Pierre Lemaitre: «Las redes sociales han acabado con el matiz y han potenciado el odio»
«La verdad es que la primera vez que vi mi libro en una librería sufrí un shock narcisista extremadamente agradable, para qué voy a mentir», dice Lemaitre.Una docena de novelas después, ahora publica ‘Grandes promesas’ (Salamandra) , el cierre de la tetralogía de ‘Los años gloriosos’ en el que seguimos las andanzas de la familia Pelletier a lo largo de todo el siglo XX. En esta ocasión, la más oscura y folletinesca, Lemaitre se centra en Jean, un hombre oscuro lleno de secretos inconfesables, su mujer, Geneviève, su hermano François, y sus hijos Colette y Phillippe. «Quería crear un personaje ambiguo, muy ambivalente, difícil de categorizar, y Jean me servía. Es curioso, porque los lectores siempre me hablan de lo horrorosa que es Geneviève, su mujer, pero ella en realidad no ha hecho nada.
Todavía existen reflejos de la dominación masculina en cierto juicio crítico de las personas y es algo que deberíamos conseguir exorcizar», afirma Lemaitre en declaraciones a ABC.La novela consigue describir a la perfección el ambiente y la atmósfera efervescente que se vivía en aquellos primeros años 60 de aparente progreso, en que la vida burguesa prometía una sociedad mejor, pero que por debajo de esa ascensión social quedaba un reguero de excluidos, cadáveres mal sepultados y malversación. «La corrupción está inscrita en el ADN del capitalismo . Lo lleva en los genes, no puede escapar de ella, ni de la prevaricación, ni el robo. Es un régimen económico que alienta la especulación y la vileza, enalteciendo la desigualdad en favor de unos pocos», asegura.Noticia relacionada general No No David B, dibujante de cómic: «El mundo de los muertos es como el de los vivos, apesta y no hay amor»Lemaitre era un niño en aquellos años 60, pero ha descubierto cómo de mentirosa y poco fiable que es la memoria.
Por ello, es la novela en que más ha tenido que trabajar con la historiadora Camille Cléret para corregir esos lapsus. «No me gusta la novela histórica y me importan un bledo los posibles anacronismos que puedan aparecer en mis novelas. Pero es cierto que me interesa capturar con precisión el ambiente de la época, el espíritu de sus gentes, más que sus detalles. Siempre hay historiadores aficionados que me escriben diciendo que el Citröen del 64 no tenía la antena como describo yo, pero qué quieres.
Es curioso, porque no me escriben muchos lectores, pero quienes lo hacen sólo son para reprocharme cosas así. Los verdaderos historiadores simplemente disfrutan de la historia y se dejan de tonterías», bromea Lemaitre.El relato arranca con una decisión casual que marcará el devenir de la historia y se cerrará con otro elemento azaroso que completará el círculo. Porque, aunque podamos creer que la vida se rige por nuestra voluntad y decisiones, estamos a merced de la suerte. «Los seres humanos sentimos una necesidad de anticipar los acontecimientos y tener la sensación de control, pero lo cierto es que 9 de cada diez acontecimientos suelen ser inesperados.
Hace cinco años, nadie hubiese anticipado la invasión de Rusia a Ucrania. Y hasta los propios votantes de Trump, que ahora reniegan de sus decisiones, podían imaginar que acabaría así», afirma el autor de ‘Iris’. «Arturo Pérez-Reverte es un ‘tocapelotas’ y a mí me encantan los ‘tocapelotas»La novela parece demostrar que las semillas plantadas en aquellos años 60 fueron las que, al crecer, se han convertido en todo lo peor del capitalismo tardío , la gentrificación, la desigualdad exagerada, la demonización del inmigrante o el abandono hasta la marginalización del agricultor y, por extensión, del mundo rural. «Es imposible no leer una novela situada en el pasado sin los ojos de hoy día.
Aunque hubiese escrito de los faraones, alguien diría: ‘mira, allí empezó todo’. Mi trabajo es escribir la historia y que sea el lector quien vea los paralelismos, aunque he de admitir que si no los ve entonces quizá es que he fracasado como escritor. (Ríe). No es casualidad, por ejemplo, que en plena crisis ecológica, yo hable de las toneladas de hormigón utilizados en la construcción de la circunvalación de París en los 60», señala.En este ambiente, la novela incluye una cita de Víctor Hugo que es hoy más verdadera que nunca: «Algunos temperamentos no pueden amar por un lado sin odiar por el otro» .
«Uno de los signos más evidentes de nuestro mundo contemporáneo es el maniqueísmo. Trump es el claro ejemplo. Funciona en términos binarios y no puede amar su americanismo sin odiar a los que no lo representan, como los inmigrantes. En realidad, es más importante lo que odias.
De hecho, las redes sociales han provocado todavía más este mundo binario de amores y odios y han acabado con el matiz. Nuestra búsqueda de la inmediatez ha potenciado los odios», comenta el autor de ‘Nos vemos allá arriba’, premio Goncourt 2013.La novela y el folletínComparado a la saciedad con Alejandro Dumas , autor al que dedica el libro junto a Víctor Hugo, la novela podría leerse como una actualización de ‘Los misterios de París’ de Eugene Sue y es una declaración de amor al folletín y sus ficciones oscuras. «Los que denostan del folletín, no entienden su importancia cultural. Cuando me dicen que escribo como una serie de televisión, yo les digo que es al revés, que las series simplemente han copiado a los clásicos.
Y Dumas fue el que modernizó el género, porque hasta entonces el héroe vivía una serie de circunstancias sin que le afectasen. Era igual cuando empezaba el libro que cuando se acababa. Sin embargo, su Montecristo, su d’Artagnan, se veían afectados por lo que les ocurría y nunca eran iguales después de los hechos. El folletín sigue siendo el género más moderno de la literatura y copiado a la saciedad», asegura Lemaitre, que se considera el último escritor del siglo XIX que queda en la literatura francesa.El libro se cierra con agradecimientos, entre muchos otros, a dos autores españoles.
Primero, Víctor del Árbol , al que no conoce, pero que aprecia simplemente como lector. Y, segundo, a Arturo Pérez-Reverte, que si conoce y mantiene una gran relación. «Arturo es un ‘tocapelotas’ y a mí me encantan los ‘tocapelotas’ y si además escriben tan bien como él, todavía más. Así lo describí en mi ‘Diccionario apasionado de la novela negra’», concluye.
Además, la novela incluye agradecimientos o pequeños guiños a Paul Auster, Charlotte Brönte, Céline, Rabelais, Tolstoi o Émile Zola.Noticia relacionada No No Mick Herron, el escritor que ha quitado todo el glamour a los espías carlos salaPero que nadie se altere, éste sólo es el final de la segunda generación de los Pelletier. La saga promete continuar. El escritor ya está inmerso en una nueva trilogía, que cerrará el siglo XX, al menos desde el 64 que acaba ésta hasta el 89, con la caída del muro de Berlín. En este caso, la historia se centraría en los hijos, Colette y Phillippe .
«Aunque no se diga, el azar continúa siendo el gran valor que podemos aprender de la historia».












