
Barcelona se ahoga en su propio tráfico: la congestión alcanza un nuevo récord
La movilidad en Barcelona se ha convertido en un desafío diario para miles de ciudadanos. La ciudad circula cada vez más lenta, una realidad que constata el último índice de tráfico de TomTom, el cual sitúa la congestión media en la capital catalana en un 41,1% durante 2025, una cifra ligeramente superior a la del año anterior. Con estos registros, Barcelona se afianza como la segunda ciudad de España con mayores dificultades para desplazarse en vehículo privado, superada únicamente por Valencia. El problema se agudiza de manera crítica durante las horas punta, cuando los trayectos se eternizan y la paciencia de los conductores se pone a prueba.
Las cifras reflejan una situación alarmante.
Por la mañana, la congestión roza el 59%, lo que se traduce en una media de 36 minutos para recorrer apenas 10 kilómetros. La situación empeora por la tarde, cuando el nivel de congestión escala por encima del 64% y el mismo trayecto puede prolongarse hasta los 38 minutos. En términos anuales, esta parálisis se traduce en 109 horas perdidas por conductor en retenciones, una hora más que en 2024. La problemática se extiende también a la región metropolitana, donde la congestión media se sitúa en el 29,8%, con picos que superan el 54% y un tiempo anual perdido que ya alcanza las 46 horas por usuario, tres más que el año previo.
Para entender cómo se ha llegado a este punto, es necesario analizar el estado del transporte público.
Según los expertos, la oferta actual es insuficiente para absorber la demanda, especialmente la de los miles de ciudadanos que se desplazan a diario a Barcelona para trabajar. A esta situación se suma la crisis de Rodalies, cuyo servicio ha visto caer la confianza de los usuarios. “Los datos de confianza y de uso de Rodalies han bajado un 25%, y estas personas que no se fían, se agarran al vehículo privado”, explica Jordi Cases, coordinador del mobility institute del RACC, en el programa “Herrera en COPE Cataluña”. Este trasvase masivo de usuarios al coche particular ha provocado que unos 600.000 vehículos saturen cada día las entradas y salidas de la ciudad.
Este aumento del volumen de tráfico impacta directamente en unas infraestructuras que, como señala Cases, “ya venían muy tensionadas” y necesitaban mejoras.
El resultado es una mayor saturación en horas punta y no tan punta, lo que a su vez eleva la probabilidad de accidentes. Cuando ocurre un incidente, por pequeño que sea, “se forman unos atascos y unos colapsos realmente infernales”, convirtiendo los accesos en una trampa para los conductores que intentaban, precisamente, ganar tiempo utilizando su coche.
Jordi Cases confirma que la congestión se debe a una combinación de factores: la reactivación de la actividad económica, el aumento de la población y una mayor “necesidad de movilidad obligada” por motivos laborales o de estudios. Todo ello repercute sobre unas infraestructuras y unos servicios de transporte público ya tensionados. En este escenario, “la movilidad son vasos comunicantes”, afirma el experto del RACC.
“El usuario escoge la manera de moverse en función de diferentes criterios, pero también de la disponibilidad. Evidentemente, si un sistema clave para la movilidad metropolitana como son las Rodalies no funciona, toda esta gente busca una alternativa, y en muchos casos, la única que tiene es utilizar su vehículo privado”.
La esperanza de que el teletrabajo, impulsado tras la pandemia, ayudara a distribuir los flujos de tráfico a lo largo del día se ha desvanecido. “Teníamos la esperanza de que estas horas punta se difuminaran un poco, pero la realidad es que al final, el colapso llega y la situación está al límite”, lamenta Cases. Esta percepción es compartida por miles de usuarios que sufren a diario el deterioro de la movilidad.
Según el coordinador del RACC, “la congestión se ha convertido en un problema crónico en las carreteras catalanas”, una afirmación que resume el sentir generalizado.
Ante este panorama, la solución no es única ni sencilla. Jordi Cases aboga por una combinación de medidas a corto y largo plazo. En el corto plazo, es fundamental “gestionar el aquí y el ahora”, lo que implica ser “ágiles para ofrecer alternativas para todos aquellos viajeros que hoy no pueden utilizar” los servicios públicos con normalidad. Se trata de una gestión de la crisis inmediata para mitigar el caos diario.
A largo plazo, la estrategia debe centrarse en inversiones estructurales.
Esto incluye el proceso de mejora ya en marcha de Rodalies, aunque Cases advierte que “tardará todavía un tiempo seguramente en dar resultados”. Simultáneamente, es necesario actuar en la red viaria catalana para mejorar su capacidad y gestión. Sin embargo, el experto lanza una advertencia clara: no hay que acostumbrarse a esta situación. “Diría que no debemos conformarnos”, sentencia, rechazando la idea de que los colapsos se conviertan en una parte inevitable del día a día.
A pesar de la gravedad del diagnóstico, desde el RACC se mantiene una visión positiva.
“Creo que todos los actores han tomado conciencia y nota de la gravedad de la situación”, afirma Cases. Esta toma de conciencia es, para él, el primer paso para que cada parte asuma su responsabilidad. La esperanza reside en que se impulsen “pequeñas soluciones que poco a poco vayan mejorando el día a día de todas las personas que nos movemos en Cataluña”, con el objetivo final de que la congestión “deje de ser parte de nuestra vida”.













