
Las realidades paralelas de los mapas
Y quizá por eso hemos obviado las complejas matemáticas que se esconden hasta en los más sencillos atlas escolares. Todo, por la imposibilidad inicial de trasladar de manera fidedigna la superficie de una esfera imperfecta, como es la Tierra, a una superficie bidimensional.ENSAYO ‘Mapmática’ Autora Paulina Rowińska Editorial Geoplaneta Año 2026 Páginas 344 Precio 24,90 Valoración ***El gran avance en la confección de mapas lo protagonizó Gerardus Mercator en el siglo XVI, al encontrar la forma de acomodar los descubrimientos geográficos que se sucedían sin descanso a una revolucionaria plasmación cartográfica, que se convirtió en la representación del mundo que todos aprendimos en la escuela.Pero esta proyección, útil para los fines que se buscaban, tiene el inconveniente de distorsionar las distancias, de tal forma que, cuanto más cercano esté un territorio a los polos, este aparecerá con un tamaño mucho mayor que el real; por contra, los situados más hacia el ecuador, serán mucho más pequeños.
En el siglo XX, se hizo evidente que esta visión favorecía el relato de un Norte hegemónico frente a un Sur disminuido. E incluso, en plena Guerra Fría , apareció como muy conveniente que la superficie de la Unión Soviética estuviera bien exagerada (y si además se pintaba de un conveniente y agresivo color rojo, el efecto amenazador se potenciaba aún más ).
Y si hablamos de las gigantescas, y falsas, proporciones de Groenlandia en esos mapas, podemos tener también una lectura que, hoy en día, sirve para construir relatos interesados.Noticia relacionada general No No ‘Operación Furia Épica’ Los mapas que explican la escalada Julián de Velasco y Javier Torres SantodomingoSiempre tenemos que sacrificar algo a la hora de confeccionar un mapa: por ejemplo, o bien se nos muestran de manera correcta las áreas, o bien las distancias. Un caso especial es el de los planos del mero, solo útiles para indicarnos dónde debemos hacer los transbordos, pero no para movernos por la superficie.Existen toda una serie de herramientas matemáticas, desarrolladas a lo largo del tiempo, al alcance de los geógrafos para, una vez elegidas nuestras prioridades, saber cómo confeccionar el mapa correspondiente.
Y en esa elección, inevitablemente, siempre se cruzarán sesgos, prejuicios e intenciones más o menos reconocidas. En plena Guerra Fría, apareció como muy conveniente que la superficie de la Unión Soviética estuviera bien exageradaY lo que aún lo complica más: esas miradas divergentes serán, cada una a su modo, correctas desde el punto de vista matemático.
O, dicho en lenguaje común, verdaderas.Con esta base, Rowińska nos lleva por un apasionante recorrido por la historia de los mapas modernos, incluidos los retos que la tecnología están proponiendo. Y nos descubre paradojas fascinantes, como el hecho de que una misma frontera, la hispanoportuguesa, pueda tener longitudes diferentes según organismos oficiales de cada país.
Un aparente sinsentido que solo se supera cuando acudimos a los fractales. Pura matemática que nos acecha, incluso, en nuestro atlas escolar o la ruta propuesta por el móvil para evitar el atasco de las 7.30 h.
de la mañana.













