
Nuevos hallazgos revelan que el síndrome obstructivo respiratorio en perros braquicéfalos va más allá de las razas populares
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No todas las características físicas de los perros tienen las mismas consecuencias para su salud. Algunas razas, conocidas por su cráneo y hocico particulares, son más propensas a problemas de salud y una menor calidad de vida. En estos animales, el acortamiento extremo de la cara afecta la estructura interna de las vías respiratorias, limitando la entrada de aire y favoreciendo afecciones oculares y cutáneas.
La relación entre apariencia y bienestar ha hecho que ciertas razas se asocien con dificultades médicas. El debate se centra ahora en los datos concretos que explican esta carga de enfermedad y cómo varía según cada caso.
Un estudio revela que la asfixia no afecta por igual a todos los perros chatos
Investigadores publicaron en *PLOS One* un estudio con 898 perros de 14 razas, detectando signos del síndrome obstructivo de las vías respiratorias superiores (BOAS) en la mayoría de las razas braquicéfalas analizadas. El estudio mostró que el riesgo no se reparte por igual entre ellas.
El trabajo examinó animales mayores de un año y confirmó que la obstrucción respiratoria no afecta solo a los ejemplares más conocidos por su cara plana. Cada raza presenta un perfil propio, por lo que no basta con agruparlas bajo una misma etiqueta.
El equipo incluyó razas menos estudiadas junto a otras ya asociadas a este problema, como maltés, pomerania, chin japonés, pequinés, griffon bruxellois, boston terrier, affenpinscher, bóxer, chihuahua, dogo de burdeos, cavalier king charles spaniel, king charles spaniel, shih tzu y staffordshire bull terrier. El BOAS provoca respiración ruidosa y reduce la tolerancia al ejercicio, además de generar otras complicaciones respiratorias.
Pequinés y chin japonés concentran más casos que otras variedades
Cada perro pasó por una prueba estandarizada que incluyó tres minutos de ejercicio y una valoración antes y después de la carrera. Los investigadores calificaron la respiración en una escala de 0 a 3, considerando enfermedad clínicamente significativa los grados 2 y 3.
Los datos mostraron que solo el 10,9% de los pequineses y el 17,4% de los chin japoneses no presentaban signos del síndrome, cifras comparables a las de carlinos, bulldogs franceses y bulldogs. En un grupo intermedio quedaron griffon bruxellois, boston terrier, king charles spaniel, dogo de burdeos y shih tzu, con alrededor del 50% de los ejemplares con síntomas.
Staffordshire bull terrier, cavalier king charles spaniel, chihuahua, bóxer y affenpinscher mostraron menor riesgo, mientras que en las muestras de pomerania y maltés no se detectaron casos significativos, aunque el número de perros de estas dos razas fue inferior.
El peso, la forma de la nariz y el grosor del cuello influyen más de lo que parece
El estudio también identificó rasgos asociados a mayor probabilidad de BOAS. Los perros con sobrepeso, con orificios nasales estrechos o con la cara más aplanada tendían a presentar más problemas, aunque esos factores explicaban solo cerca del 20% de las diferencias entre razas.
Además, el riesgo cambiaba según el tipo de perro. Shih tzu y staffordshire bull terrier con cola más corta mostraron más casos, mientras que en boston terrier y staffordshire bull terrier el cuello más grueso se relacionó con mayor afectación.
La cirujana veterinaria Heidi Phillips de la University of Illinois explicó que los hallazgos encajan con lo que se observa en la clínica: aunque cuanto más plana es la cara de una raza o de un individuo, más probable es que sufra BOAS, hay razas que se comportan como excepciones. La especialista añadió que el enfoque individual resulta necesario para identificar y tratar la patología en cada animal.
La popularidad de estos perros se mantiene pese a las advertencias médicas
En paralelo, otra investigación en Reino Unido analizó cómo percibe la población estos riesgos. El Royal Veterinary College, con financiación de la RSPCA, la Animal Welfare Foundation y Blue Cross, encuestó a 4.899 personas y observó que muchos relacionan el cruce entre razas braquicéfalas con una posible mejora de la salud.
Lauren Bennett, responsable científica y de políticas del departamento de animales de compañía de la RSPCA, afirmó que es positivo ver que uno de los principales motivos para optar por cruces braquicéfalos sea la mejora de la salud y el aumento de la diversidad genética. Cada vez más personas reconocen el compromiso que implican los trastornos ligados a la conformación física.
Pese a esa mayor conciencia, la popularidad de los perros de hocico corto se mantiene. Más de la mitad de los propietarios de ejemplares de cara plana indicaron que considerarían tener un cruce braquicéfalo en el futuro, y casi la mitad afirmó que repetiría con un perro de este tipo.
Ashleigh Brown, responsable científica y de políticas en la RSPCA, señaló que sigue preocupando que los perros con rasgos físicos exagerados continúen siendo populares pese a los problemas de salud bien documentados que sufren durante toda su vida.
El tratamiento del BOAS puede incluir cirugía y control del peso, pero los investigadores insisten en que la prevención mediante una cría más cuidadosa y una mejor información resulta decisiva. La doctora Fran Tomlinson declaró que el BOAS existe en un espectro y en los casos más graves puede reducir de forma notable la calidad de vida y convertirse en un problema serio de bienestar, una advertencia que encaja con la idea de que no todas las razas parten del mismo punto cuando se habla de salud y longevidad.













