Los cuatro escenarios posibles tras un ataque de EEUU e Israel contra Irán

Los cuatro escenarios posibles tras un ataque de EEUU e Israel contra Irán
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Los cuatro escenarios posibles tras un ataque de EEUU e Israel contra Irán

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Según las declaraciones de autoridades israelíes y estadounidenses, el objetivo del ataque a Irán sería infligir el máximo daño posible a los pilares del poder en el país, especialmente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, al programa nuclear y al programa de misiles balísticos.

Sin embargo, el objetivo final, según Donald Trump, es allanar el camino para un levantamiento popular que derroque al régimen religioso que gobierna desde hace 47 años. Trump ha presentado el ataque como una oportunidad para que el pueblo iraní “recupere su gobierno”.

El cambio de régimen parece ser más una aspiración que un plan, dejando mucho al azar y a factores difíciles de controlar o predecir.

A continuación, se presentan cuatro escenarios generales que los expertos consideran posibles resultados de esta nueva guerra en Oriente Medio, ordenados por su nivel de beligerancia.

La transición rápida

Este es el escenario ideal para los líderes de Israel y EEUU: las fuerzas armadas iraníes y la Guardia Revolucionaria Islámica deponen las armas, como exige Trump, y los distintos grupos opositores se unen en un gobierno provisional que podría ser dirigido por Reza Pahlavi, el hijo exiliado del sha. Trump redujo las posibilidades de que Pahlavi asumiera el liderazgo.

Mientras se organizan las elecciones, el gobierno provisional renuncia a los misiles de largo alcance y entrega a Estados Unidos lo que queda del programa nuclear iraní, incluyendo las centrifugadoras y las reservas de uranio altamente enriquecido. También concede a las petroleras estadounidenses acceso a su mercado energético.

Según los analistas, este es el escenario menos probable. La historia sugiere que las dictaduras que se derrumban tienden a ser sustituidas por un nuevo régimen autoritario. En las transiciones violentas, la probabilidad de un resultado democrático es aún menor.

Es poco probable que la Guardia Revolucionaria entregue las armas a una población hostil o a un nuevo gobierno monárquico. Sus miembros han dominado el país durante muchos años y podrían considerarse afortunados si sobreviven después de rendirse.

Aunque Pahlavi goza de un amplio reconocimiento, hay muchos iraníes que recuerdan la brutalidad de la dictadura de su padre y no aceptarían su liderazgo.

Lo más probable es que el pegamento de cualquier nuevo gobierno secular provisional sea un nacionalismo compartido, lo que dificulta renunciar a los pilares del poder geopolítico de Irán.

El modelo Maduro

Tras el ataque estadounidense contra Venezuela, Nicolás Maduro fue destituido y su vicepresidenta asumió el poder, prometiendo más cooperación con Washington. El régimen se mantuvo, pero Estados Unidos se quedó con gran parte del petróleo.

Este mismo resultado, tras el asesinato del ayatolá Alí Jamenei, sería aceptable para Trump, quien se ha declarado dispuesto a hablar con los sucesores del líder supremo dentro del régimen.

El modelo Maduro aplicado a Irán requeriría seleccionar a una persona relativamente moderada para sustituir a Jamenei, como el expresidente Hassan Rouhani, o a algún pragmático de línea dura dentro del liderazgo religioso o de la Guardia Revolucionaria.

Tras nuevas negociaciones, los nuevos líderes capitularían, renunciando al programa nuclear y aceptando restricciones estrictas sobre sus misiles. También concederían a empresas estadounidenses amplias concesiones para explotar el petróleo y gas iraníes. A cambio, se permitiría la supervivencia del régimen, al que se le daría vía libre para seguir reprimiendo a los disidentes.

Este es otro escenario que pone un fin rápido a la guerra. No es difícil imaginar a un nuevo liderazgo iraní haciendo más concesiones en aras de la supervivencia del régimen, pero es improbable que surja un nuevo líder si la promesa es una rendición total.

Las nuevas negociaciones con la Administración Trump podrían conducir a un punto intermedio, lo que da margen a las dos partes para poner fin a la guerra. Estados Unidos retira sus fuerzas y deja a Israel como garante de cualquier acuerdo, con libertad para bombardear si considera que el nuevo gobierno iraní no cumple sus compromisos.

El régimen capea el temporal

En esta versión, los supervivientes de la campaña de bombardeos se atrincheran y lanzan misiles y drones siempre que pueden. Eligen como líder supremo a un clérigo de línea dura, o a un político débil fácilmente controlable por la Guardia Revolucionaria.

Teniendo en mente las declaraciones de Trump sobre una campaña limitada de unas cuatro semanas, los líderes del régimen esperan al día en que el presidente estadounidense declare la victoria y retire a su armada, dejando que Israel mantenga la campaña de bombardeos con recursos cada vez más escasos. Muchos analistas consideran que este es uno de los resultados más probables.

En la peor de las variantes de este escenario, los programas nucleares y de misiles se trasladan a lugares más subterráneos y alejados de la vista de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica. Retiran la *fatwa* contra la fabricación de ojivas nucleares y comienzan una carrera para fabricar una “bomba subterránea” con los 440 kilos de uranio altamente enriquecido.

Tras repetidos ataques, los líderes supervivientes llegan a la conclusión de que la única garantía de supervivencia es una bomba atómica. La oposición es reprimida con una brutalidad creciente en un régimen cada vez más similar al de Corea del Norte: aislado, paranoico y con armas nucleares.

Guerra civil y caos

En este escenario, las fuerzas del régimen se ven afectadas por semanas de bombardeos de Israel y Estados Unidos.

Tras las deserciones de algunos miembros de la cúpula y las bases de la Guardia Revolucionaria, los manifestantes salen a las calles en masa. Los movimientos separatistas que representan a las minorías de Irán introducen armas por fronteras que han quedado abiertas tras los ataques israelíes y estadounidenses contra los puestos fronterizos.

Aunque los azeríes son la minoría más numerosa, históricamente han sido los kurdos los más organizados y militantes. En la provincia de Sistán y Baluchistán también hay una serie de pequeños grupos separatistas baluchis que luchan contra el régimen.

A medida que las fronteras de Irán se desmoronan tras la guerra, la inestabilidad se extiende a lo largo de líneas étnicas, con los países vecinos tratando de aprovechar la debilidad.

En el centro del país, los seguidores de Pahlavi reclaman el poder monárquico, pero otros grupos opositores se niegan a renunciar a su visión de Irán para darle el poder a un exiliado que regresa.

En este escenario de caos creciente, los 440 kilos de uranio altamente enriquecido se convierten en un botín por el que luchar, posiblemente con la intención de venderlo en el extranjero. Es el peor escenario y no se considera el más probable, pero no es imposible.