HOMENAJE A LAS MUJERES RURALES DE ÁLAVA EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

HOMENAJE A LAS MUJERES RURALES DE ÁLAVA EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

HOMENAJE A LAS MUJERES RURALES DE ÁLAVA EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Foto: COPE Euskadi – Todos los derechos reservados

Con motivo del 8 de marzo, la Diputación Foral de Álava ha querido rendir un emotivo homenaje a las mujeres de las diferentes cuadrillas del territorio, reconociendo su papel fundamental en el sostenimiento de la vida rural durante décadas. Un ejemplo de ello es Begoña Barrio, de Treviño, quien comparte su experiencia sobre cómo era la vida para una generación de mujeres cuyo trabajo no era una opción, sino una necesidad constante.

La dura rutina diaria de las mujeres rurales

Begoña describe un día normal en el Treviño de su juventud como una jornada exhaustiva que comenzaba con las tareas domésticas, como preparar el almuerzo y la comida, seguido del cuidado de los animales. Por la tarde, el trabajo en el campo demandaba su tiempo y energía. No existía el descanso, ni siquiera los domingos, ya que siempre había labores que realizar en la casa y con los animales domésticos, tareas que recaían principalmente en las mujeres.

Incluso cuando no se trabajaba en el campo, las mujeres debían encargarse de la colada, una tarea especialmente ardua que se realizaba a mano, sin importar las inclemencias del tiempo.

“Y lavar a mano, claro que no había lavadoras”, recuerda Begoña, enfatizando la falta de comodidades modernas en aquella época.

El papel de la mujer en la economía familiar

Las familias dependían en gran medida de lo que producían. Begoña, nacida en una familia de labradores, recuerda cómo la mujer, además de las tareas del campo, gestionaba una parte importante de la economía doméstica a través de la cría de cerdos para la matanza, gallinas para la producción de huevos y la elaboración de conservas con los productos de la huerta. Los huevos, en ocasiones, servían como moneda de cambio para obtener pescado, aunque las mujeres a menudo debían negociar para obtener un precio justo.

La elaboración del pan también era una tarea femenina. Aquellas familias que no contaban con un horno propio recurrían al “horno a la villa”, un horno público que se utilizaba por turnos.

Para evitar confusiones, algunas familias utilizaban un sello con el nombre y apellido del hombre para marcar las hogazas y así identificar su propiedad.

La importancia de la solidaridad vecinal

Una de las características más destacadas de la vida en los pueblos era la red de apoyo mutuo entre vecinos. En momentos de escasez, la comunidad se unía para brindar ayuda. “Cuando a ti te faltaba la levadura, pues otra vecina te daba, te prestaba la levadura”, explica Begoña.

Esta ayuda mutua era fundamental para la convivencia. No se trataba de un intercambio comercial, sino de un préstamo que se devolvía en cuanto era posible.

Lo mismo ocurría con el pan: si una familia se quedaba sin él, siempre podía recurrir a un vecino. “Ibas a una casa de una vecina, oye, pues, te daba una otana de pan. Y luego, cuando tú hacías el pan, pues le devolvías ese pan”, concluye Begoña, resaltando la importancia de la solidaridad en la vida rural.