
Cocinas Colaborativas en Brión: Un Modelo de Éxito para el Sector Primario Gallego
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Un proyecto colaborativo en Brión, A Coruña, se ha consolidado como un modelo referente para el sector primario en Galicia. Se trata de las cocinas colaborativas de la asociación Darredor, una iniciativa que permite a los productores transformar sus materias primas en productos elaborados con registro sanitario en sus propias instalaciones, garantizando la trazabilidad para su comercialización.
Desde su inicio, esta iniciativa ha capacitado a **232 personas** para el uso de las cocinas, principalmente de municipios como Brión, Ames y Rois. El interés en el proyecto es creciente, con una lista de espera para los próximos cursos.
Origen de la iniciativa
Carme Freire Cruces, una de las fundadoras, explica que la idea surgió hace casi dos décadas en la asociación Lentura. “Teníamos el problema de que podíamos vender los alimentos frescos, pero nunca podíamos vender legalmente el alimento transformado que hacíamos en las casas”, recuerda.
La alta inversión requerida para construir instalaciones individuales llevó a la necesidad de un espacio compartido.
El proyecto se materializó a finales de 2017, cuando el entonces alcalde de Brión, José Luis García, ofreció un antiguo pub. La iniciativa contó con el apoyo técnico de los ayuntamientos de Ames y Brión, así como con financiación de la Diputación de A Coruña para la reforma del local y del GDR Terras de Compostela para el equipamiento.
Producción y Variedad de Productos
Las cocinas comenzaron a producir en 2019. Desde entonces, se elabora una amplia gama de productos aprovechando los excedentes de las huertas. La oferta incluye conservas, mermeladas de frutas y hortalizas (como untable dulce de grelos o mermelada de naranja), masas para croquetas, pizzas, pan sin gluten y pastas de té.
También se preparan productos innovadores como quesos veganos a base de anacardos o granola con miel.
El perfil de los usuarios es variado. En el último año, 58 personas han utilizado las instalaciones de forma habitual, aunque también hay productores que acuden puntualmente para elaboraciones de temporada, como zumo de manzana. La condición principal es ser productor, aunque se permite el uso de ingredientes externos con trazabilidad.
Espíritu Colaborativo y Comercialización
Este espíritu colaborativo se extiende a la obtención de la materia prima. Es habitual transformar los excedentes de otros compañeros, como los grelos que una productora no vende en el mercado de Bertamiráns.
“Siempre es producto de personas que son de aquí, de alrededor”, subraya Freire.
La comercialización ha sido exitosa gracias a una creciente sensibilización del consumidor, que busca alimentos de proximidad y confianza. Los clientes incluyen familias, comedores escolares, centros de día y cocineros que valoran el producto local. Esto ha permitido a productores rentabilizar excedentes de la huerta o del campo a través de productos elaborados.
Un Modelo a Seguir
El éxito de Darredor ha despertado el interés en otras zonas de Galicia y otras Comunidades, que realizan visitas constantes. Carme Freire anima a replicar el modelo, pero con una condición imprescindible: “**Donde haya una base social de personas que efectivamente puedan necesitar este espacio**”.
Insiste en la importancia de una demanda real para evitar infraestructuras sin uso y creer en el potencial del territorio y del trabajo colectivo.













