Alonso Cueto analiza el legado literario de Mario Vargas Llosa

Alonso Cueto analiza el legado literario de Mario Vargas Llosa
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Alonso Cueto analiza el legado literario de Mario Vargas Llosa

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Poco antes del fallecimiento de Mario Vargas Llosa, el novelista peruano Alonso Cueto escribió un ensayo en el que examina las líneas maestras de la obra del Premio Nobel. En “Palabras en el mundo”, Cueto plasma su larga lectura y pasión por el autor, desde que leyó “La ciudad y los perros” a los catorce años. Cueto explora el universo vargasllosiano para mostrar su ambición: dar cuenta de la comedia humana en su totalidad.

El legado de un gigante de la literatura

Según Cueto, Vargas Llosa es el novelista en español más importante del siglo XX y lo que va del XXI, debido a la cantidad de obras maestras que escribió, incluyendo “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en la Catedral”, “La guerra del fin del mundo” y “La fiesta del chivo”. También destaca sus ensayos sobre Flaubert y García Márquez, así como sus memorias en “El pez en el agua”.

Heroísmo y dignidad en la obra de Vargas Llosa

Cueto señala que las novelas de Vargas Llosa plantean una pregunta universal: ¿Es el heroísmo una causa perdida en la actualidad?

Para Cueto, los personajes de Vargas Llosa buscan validar sus vidas mediante actos morales, incluso en medio del anonimato y la corrupción. Ejemplos de esto son el Jaguar en “La ciudad y los perros” y Ambrosio en “Conversación en la Catedral”. Personajes como Urania, el teniente Gamboa y el Consejero también buscan impugnar el sistema y recuperar la verdad.

La rebelión como motor

Para Cueto, la rebelión es necesaria para lograr la validación personal. La obra de Vargas Llosa es un elogio a los insurrectos, basada en la idea de que la vida es movimiento.

Cueto establece un paralelismo entre la entrega de Vargas Llosa a causas públicas y la de sus personajes, ambas sustentadas por un instinto moral.

Influencias literarias y el caballero andante

Cueto identifica dos novelas españolas como pilares de la obra de Vargas Llosa: “Tirante el Blanco” y “El Quijote”. Según Cueto, los personajes de Vargas Llosa son caballeros andantes perdidos en el mundo moderno, que fracasan pero nunca dejan de rebelarse. Vargas Llosa admiraba novelas como “Sostiene Pereira” y “El extranjero” por la rebelión y dignidad de sus protagonistas. Otra pregunta central en su obra es si se puede vivir al margen de la lucha por el poder.

La amistad y la visión de un lector privilegiado

Cueto, amigo cercano de Vargas Llosa, se considera un lector privilegiado de su obra.

Recuerda cómo Vargas Llosa explicaba con precisión su investigación sobre Rafael Trujillo para “La fiesta del chivo”, disfrutando de la combinación de ficción y figuras históricas. Cueto afirma que en su libro sobre Vargas Llosa, primó la visión de un lector neutro, con la excepción de algunos testimonios personales.

El Vargas Llosa del final

Cueto recuerda a Vargas Llosa debilitado físicamente pero con energía hasta el final. Recordaba a sus amigos y a su maestro Raúl Porras. En su último encuentro, Vargas Llosa le contó que caminaba una hora diaria, una muestra de su imaginación.

Patricia Llosa: un pilar fundamental

Cueto destaca el papel fundamental de Patricia Llosa en la vida de Vargas Llosa, describiéndola como una persona extraordinaria que creó las condiciones para que él pudiera dedicarse a su obra.

Según Cueto, todos los lectores tienen mucho que agradecerle a Patricia por su constancia, fe, discreción y elegancia.

Momentos clave en la vida de Vargas Llosa

Cueto señala que un momento crucial en la vida de Vargas Llosa fue cuando su madre lo llevó a conocer a su padre en Piura, lo que abrió un abismo entre la realidad y la ficción y despertó su rebeldía. Otro episodio fundamental fue su ingreso en la política, un modo de reconocer su lugar en la literatura y la acción cívica.

Rebelión política y literaria

Para Cueto, el Vargas Llosa político y el novelista son inseparables. En su vida y en su literatura, la rebeldía es una postura moral. La realidad nunca tiene una forma definitiva, y la palabra tiene un valor moral mientras que el silencio es culpable.

Vargas Llosa fue el último intelectual peruano cuyas opiniones influyeron en la política.

El poder y la maldad

Cueto cree que Vargas Llosa identificaba el poder con la maldad. Todos los personajes que detentan el poder en sus novelas son malignos. El mal captura a sus víctimas y las pervierte. Los personajes femeninos de Vargas Llosa son complejos y su insurrección es una necesidad vital.

Un muralista de la diversidad

Cueto describe a Vargas Llosa como un “minucioso muralista de la diversidad”, alguien que reflejó todos los tipos de la comedia humana a través de una gran creación de lenguajes.

Vargas Llosa creó un universo de reemplazo donde aparecen todos los tipos humanos, con historias de amor, guerra y familias. La violencia, el amor y el fanatismo están integrados en un gran movimiento.

Un contador de historias

Vargas Llosa era un contador de historias, incluso en lo privado. Le encantaba narrar y escuchar relatos, y tenía un gran sentido del humor. Como escritor, le interesaba contar una historia bien contada, y creía que el corazón de una novela debía poder definirse en una sola frase.

Una vida como travesía

Para Vargas Llosa, la novela es siempre una travesía, un movimiento, y su vida también lo fue.

Fue un viajero permanente, reflejando todos los universos y utilizando todos los lenguajes. Fue periodista, dramaturgo, actor. La totalidad era su meta, y como sabía que era inalcanzable, nunca dejó de viajar. Fue amigo de sus amigos y tuvo a su familia cerca, pero también fue un aventurero.

La amistad como refugio

Vargas Llosa valoraba infinitamente a sus amigos y le gustaba sentir su compañía como una forma de refugio.

No toleraba ninguna forma de traición a la amistad.

Perú: el paraíso de un novelista

Cueto concluye que el Perú fue el escenario ideal para Vargas Llosa, un novelista con una vocación local y universal. En el suelo peruano coexisten etnias de todo el mundo, junto con tribus nativas. El país de “todas las sangres” de José María Arguedas incluía un universo de conflictos y luchas, perfecto para la vocación de Vargas Llosa.

El infierno social del Perú fue el paraíso para un novelista como él.