
ADIÓS A "SITO", EL VENDEDOR DE PAÑUELOS QUE HIZO DE UN PASO DE CEBRA SU OFICINA
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Un paso de cebra en el distrito de Arganzuela, Madrid, se ha quedado sin su figura más emblemática: Alfonso Toronjo, conocido como “Sito”. Durante más de dos décadas, Sito convirtió el cruce entre el Paseo de la Esperanza y Santa María de la Cabeza en su peculiar “oficina”, donde vendía pañuelos a los conductores que esperaban la luz verde del semáforo. Su fallecimiento ha dejado un vacío entre vecinos y comerciantes.
En memoria de Sito, un ramo de flores y un emotivo mensaje adornan ahora la acera junto a la gasolinera: “Alfonso Tonjo, 1967-2025. *Si la calle es dura, yo lo soy más*. Nunca le faltó una sonrisa, ni ánimo para seguir tirando. Descansa en paz. Tus amigos Ana, Carlos y Loco no te olvidan”.
Su hermana, Rocío Toronjo, recuerda con cariño su sentido del humor y su espíritu de lucha. La frase “Si la calle es dura, yo lo soy más” era su lema, una declaración de resistencia ante las dificultades.
Óscar, el vendedor de la gasolinera y amigo cercano de Sito, fue quien colocó el ramo en su memoria. Durante años, ambos compartieron un trato casi diario. “Venía aunque nevase, lloviese, hiciese sol o fuera Navidad”, recuerda Óscar. “Tenía muy buen humor, era muy buena gente. Tuvo mala suerte con sus amigotes y había cosas en las que no hacía caso, pero era una persona excelente de buen corazón”.
Un vecino más del barrio
Cuando Sito comenzó su actividad en el semáforo, vivía cerca, en la calle Tomás Bretón. Con el tiempo, se convirtió en una figura familiar para los habitantes de la zona. “Yo le chinchaba con que iban a venir a quitarle el sitio y se picaba, pero todo el mundo lo respetó siempre”, cuenta Óscar.
La relación entre Sito y Óscar era tan estrecha que Sito se emocionó cuando Óscar se jubiló el año pasado. “Decía que me iba a echar muchos de menos. Al final nosotros fuimos prácticamente compañeros de trabajo durante muchos años”, relata Óscar.
Intentaron que trabajara en la gasolinera, pero Sito se negaba a cortarse el pelo, un requisito del puesto. “Él no quería atarse, pero luego aquí echaba las horas toda la tarde. Es como si eso no le pesara”, explica Óscar, destacando la independencia y el espíritu libre de Sito.
Fernando, un vecino del Paseo de la Esperanza, recuerda a Sito como un hombre “educado y tranquilo”, a pesar de su habitual “litrona”. “Ver gente sin hogar es algo que siempre me conmueve”, afirma Fernando, quien lamenta no haberle podido entregar unas botas que tenía guardadas para él.
Sito era querido por muchos. “En Navidad muchos le bajaban ropa, comida, dinero… Me pagaban sándwiches y cervezas para dárselos”, rememora Óscar. “Los gitanos del Rastro y los flamencos de la zona le trataban como un miembro más de su familia. Era muy querido por todo el mundo”.
Sin embargo, también hubo quienes se aprovecharon de su generosidad. En su piso de Tomás Bretón, acogió a personas que no pagaban y terminaron causándole problemas. “Él decía que dormía bien mientras pudiese meterle en un portal, pero al final son muchos años de fatiga, de frío y de calor”, lamenta Óscar.
En sus últimas conversaciones, Sito y Óscar hablaron sobre la compra de una tienda de campaña para protegerse del frío. “Me pidió que le llevara al Decathlon para comprar una, para poder refugiarse las noches que pasaba al raso. Justo se puso malo y ya nunca pudimos ir a por ella”, recuerda Óscar.
Finalmente, la calle resultó ser más dura que Sito el 22 de diciembre de 2025. Sufrió un ictus, probablemente causado por una hipertensión que nunca se trató.
Un legado de generosidad
Su hermana Rocío lo recuerda con profunda emoción. Siempre estuvo pendiente de él, a pesar de la distancia. “Hablábamos muy a menudo, yo me encargaba de facilitarle la línea y los teléfonos cuando los perdía”, cuenta Rocío. “Obviamente nos preocupaba mucho su situación, pero sabíamos que era una muy buena persona y que nunca buscaba problemas, por mucho que nunca quisiera moverse de ahí o cambiar su vida. Simplemente tomó malas decisiones”.
Tras su fallecimiento, Sito realizó un último acto de generosidad: la donación de sus órganos. “Estuvo en coma desde el 15 de septiembre, cuando sufrió el derrame, y finalmente falleció el 22. Se nos fue el día de la Lotería y gracias a él a varias personas le ha tocado el premio más importante”, explica Rocío. “Antes de morir, los médicos nos dijeron que podíamos donar prácticamente todos sus órganos, salvo el hígado. Fue su último acto de generosidad”.












