¿Teléfono rojo? Volamos hacia Teherán

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Teherán
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¿Teléfono rojo? Volamos hacia Teherán

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De niño, el autor de este artículo envidiaba a Franco por tener un cine casero en el Palacio Real de El Pardo. El general, conocido por firmar sentencias de muerte mientras disfrutaba de chocolate caliente, era un ávido cinéfilo, habiendo visto unas 2.000 películas durante sus casi cuarenta años en el poder. Era un fanático de Disney, el western, la comedia, James Bond y las películas religiosas como Ben-Hur y Los diez mandamientos. Se rumoreaba que tenía una colección de películas eróticas y pornográficas, lo cual es sorprendente, ya que, aparte de su esposa, Carmen Polo, no se le conocían amoríos.

Franco también veía películas prohibidas por la censura por razones morales o políticas, al igual que Hitler, quien se dice que vio varias veces El gran dictador de Charles Chaplin. Sin embargo, no hay información sobre cómo reaccionó Hitler ante las imágenes que lo caricaturizaban.

El cine y los líderes: Más allá del entretenimiento

Franco no solo disfrutaba del cine como espectador, sino que también escribió el guion de Raza, bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. El éxito de Donald Trump en dos elecciones presidenciales confirma que la cima del poder no está reservada para las élites selectas. Aunque a Trump no le gusta tanto el cine como a Franco y Hitler, ha expresado públicamente su admiración por ciertas películas.

Le encanta Ciudadano Kane, no por sus innovaciones formales, sino porque recrea la historia de un magnate. También es fanático de Lo que el viento se llevó, aunque el autor lamenta este dato debido a su admiración por Vivien Leigh. Imagina que a Trump le fascina la evocación del Sur, una civilización que no sufría el acoso del pensamiento woke.

La fascinación de Trump por la violencia

Las películas de gánsteres, especialmente la saga de El padrino y Uno de los nuestros, también entusiasman a Trump. Se presume que le seduce la figura de Vito Corleone, aunque carece de su elegancia. Trump no esconde su fascinación por la violencia, siendo admirador de Jean-Claude Van Damme y elogiando Contacto sangriento, una película sobre un torneo ilegal de lucha libre en Hong Kong.

El autor sugiere que la escena preferida de Trump es la concatenación de las cuatro patadas con las que Van Damme derrota a su adversario chino. Estas patadas se parecen bastante a lo que, según el autor, Trump acaba de hacer con China al atacar Teherán con la ayuda de Netanyahu.

El ataque a Irán: ¿Qué hay detrás?

El autor argumenta que solo los ingenuos o cínicos se atreven a sostener que Trump ha atacado a Irán para acabar con una tiranía. El objetivo real, según el autor, es consolidar la hegemonía de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, garantizar el control de las rutas comerciales y los recursos estratégicos, expulsar a China y Rusia de la región, y desviar la atención de otros problemas internos.

Se barajan varias posibilidades para el futuro: una transición hacia la democracia (poco probable), una guerra civil (algo más probable) o la supervivencia del régimen, que podría obtener armas nucleares. ¿Podría la confrontación entre Rusia, China y Estados Unidos desembocar en una Tercera Guerra Mundial? Con Trump en la Casa Blanca, no hay que descartar ninguna calamidad.

¿Un cowboy sobre una bomba?

El autor duda que Trump frecuente el cine de Stanley Kubrick, especialmente ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Compara a Trump con Jack D. Ripper, el general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que ordena un ataque nuclear contra la Unión Soviética sin consultar con el presidente. La imagen del mayor T.J. “King” Kong” a lomos de una bomba como un cowboy de rodeo es una metáfora de la irresponsabilidad de Trump.

El autor concluye que no hay nada más peligroso que un imbécil en el poder, y Trump lo es en grado superlativo. No hay teléfono rojo entre Estados Unidos e Irán. Trump ha preferido volar directamente hacia Teherán, y aunque no lo ha hecho montado sobre una bomba, las consecuencias para el mundo podrían ser muy parecidas. Al final, la vida es un cuento narrado por un idiota, y lo que viene es mucho ruido y mucha furia.