
PACO RABAL Y LA CUESTA DE GOS: EN BUSCA DEL ZAGAL QUE QUISO SER ACTOR
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De Águilas a su pedanía, la Cuesta de Gos, se tarda media hora en coche. El camino incluye rotondas, turistas despistados, maquinaria agrícola y un paisaje de curvas y rampas que ponen a prueba cualquier motor. Al escribir “Paco Rabal” en Google, se puede encontrar un encuentro digital de Carlos Boyero con lectores de El Mundo, donde el crítico destaca la evolución del actor, resaltando sus trabajos en películas como *Truhanes*, *Los santos inocentes* o *Juncal*, considerándolos “un prodigio de la humanidad”. Boyero también subraya el instinto de superación de Rabal, su capacidad para emerger “de las sombras para buscar su lugar en el sol”.
En la carretera que asciende a la sierra, un desvío conduce a las casas y los restos de la explotación minera, así como a la ermita de la Cuesta de Gos. Cerca de la entrada se alza la estatua del actor, sentado y con la mirada fija en la colina donde nació. Un texto a sus pies reza: “Lo tengo bien pensado, amigos míos, un día me sentaré, la cara al viento aquí junto al mar que vi de niño y aquí bajo este sol, bajo este cielo y oyendo vuestros pasos por mi lado me dejaré dormir un largo sueño…”. Un almendro cercano completa la escena.
Las cenizas del actor reposaron junto a este árbol durante un año, antes de ser trasladadas al cementerio de Águilas. Según su hijo Benito, esta decisión se tomó a petición de su madre, Asunción Balaguer, tras la iniciativa de colocar una estatua que nadie había solicitado. Ahora, las cenizas de Paco Rabal y Asunción Balaguer descansan juntas, acompañadas de una botella de moscatel, dos copas y la campanilla que el actor utilizaba cuando perdía la voz.
Un siglo después de su nacimiento
A un siglo de su nacimiento, parece que Águilas no termina de saber qué hacer con el legado de Paco Rabal. La Casa de la Cultura dedica un espacio a una exposición permanente sobre su vida, y la asociación Milana Bonita, creada para mantener viva su memoria, cumple 24 años. Sin embargo, es difícil encontrar en el municipio rastros palpables del espíritu del actor.
La calle que lleva su nombre, una vía de apenas 58 metros frente a un solar, evoca más el desorden urbanístico de la costa levantina que otra cosa. Paradójicamente, hace esquina con la calle Cassola, donde se ubicaba el cine Ideal, lugar donde Rabal descubrió un universo de posibilidades. Hoy, no queda ni una placa conmemorativa. Una camarera de un bar cercano comenta que al actor “le gustaba la plaza”, refiriéndose al espacio que mira al puerto. También solía sentarse en los bancos de la plaza de España. Antiguos lugares frecuentados por Rabal, como la panadería El Perula o el bar El Andaluz, ya no existen.
El trayecto de media hora entre Águilas y la Cuesta de Gos plantea interrogantes sobre la preservación de la memoria histórica en los pueblos costeros. ¿No es acaso la propia leyenda de Rabal, su capacidad para conectar con la gente, lo que permite imaginarlo en el puerto, saludando y disfrutando de un vino? La imagen de la ermita, las casas aferradas a la ladera y los restos de la mina sugieren que, si hay un lugar donde encontrar el espíritu que lo impulsó a buscar su lugar en el mundo, es este.
Auge y caída de La Reina Mining
Benito Rabal, padre del actor, bajó a la mina por primera vez a los diez años. Antes, había quedado huérfano y criado cabras. Teresa Valero, su esposa, nunca aprendió a leer ni a escribir. Juntos llegaron a la Cuesta de Gos, que vivía un período de prosperidad minera desde que la empresa británica La Reina Mining obtuvo la concesión para explotar varias minas en 1881. Aunque la actividad minera se remontaba a décadas atrás, con la explotación de antiguas escombreras romanas y la apertura de nuevas galerías, la llegada de La Reina Mining marcó un nuevo capítulo.
La Cuesta de Gos era el centro del núcleo minero al sur de la sierra de la Almenara. Allí se instalaron la primera farmacia de Águilas y un cinematógrafo. En este lugar, Benito y Teresa, junto a otros 200 habitantes, tuvieron a sus tres hijos. Sin embargo, para cuando nació Francisco, el mineral comenzaba a escasear. Los mineros dejaron de trabajar por un salario fijo y empezaron a hacerlo como aparceros, dependiendo de la cantidad de mineral que extraían.
Según Paco Rabal, su infancia en la Cuesta de Gos fue feliz, llena de juegos con animales y exploración de la naturaleza. También recuerda los primeros encuentros con la muerte, como la del burro Sevillano y su perra Laura. Se dice que heredó la curiosidad de su familia paterna y la habilidad para imitar de los Rencos, su clan materno. Fue con su tío Paco ‘El Renco’ con quien descubrió el cine. La familia se mudó a Águilas cuando Benito se fue a Barcelona en busca de trabajo. Nadie imaginaba entonces que aquel niño soñaba con ser actor.
Culminación de una peripecia
Cuando el padre regresó por su familia y la llevó a la sierra de Madrid, donde trabajó en la construcción del ferrocarril Madrid-Burgos y en Cuelgamuros, Paco Rabal ya había forjado su personalidad. Asistió a la escuela gracias a las misiones pedagógicas, estudió con un cura a cambio de tareas de monaguillo, vendió diversos objetos para subsistir y conoció a los clásicos gracias a Dámaso Alonso. Con la ayuda del cura Maximiano Sardón, entró a trabajar como electricista en los estudios Chamartín.
Aquel niño que perseguía cabras, exploraba las colinas de la Cuesta de Gos, lloró a su burro y a su perra, aprendió a imitar y descubrió el cine en Águilas, consiguió un papel. El resto es historia conocida.













