
La 'era postMeToo': el feminismo afronta una contraofensiva en auge
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Tras un ciclo de ruptura histórica del silencio, el feminismo se enfrenta a una “reacción patriarcal” que busca silenciar la violencia sexual. Pensadoras y activistas señalan el acoso en espacios digitales y las demandas por difamación como herramientas para acallar a las mujeres que denuncian, a periodistas y a comunicadoras que sacan a la luz los casos.
El juicio entre Johnny Depp y Amber Heard marcó un antes y un después. Depp demandó a Heard por un artículo en The Washington Post donde ella se reconocía como víctima de violencia machista. Tras el juicio, Heard fue condenada a pagarle 15 millones de euros por difamación. El caso se convirtió en un fenómeno viral con una intensa campaña de desprestigio hacia Heard, acusándola de mentir y ser la agresora.
Cuatro años después, Depp es presentado como un actor “camaleónico” que regresa a Hollywood, mientras que Heard reapareció en el festival de cine Sundance, declarando haber perdido la capacidad de hablar. Acudió al estreno de *Silenced*, un documental sobre el “acoso judicial” a través de demandas millonarias por difamación interpuestas por hombres acusados de violencia sexual.
Esta situación es vista por feministas como una contraofensiva tras los avances logrados en la última década, marcada por la ruptura del silencio en torno a la violencia sexual. La periodista colombiana Catalina Ruiz-Navarro, creadora de la revista Volcánicas, considera que la demanda de Depp contra Heard fue un punto de inflexión, enviando un mensaje a las denunciantes de todo el mundo.
Luciana Peker, periodista argentina exiliada en España por amenazas tras seguir la denuncia por violación de Thelma Fardín contra Juan Darthés, subraya que la liberación de la palabra de las mujeres fue enorme, pero que ahora se enfrenta a una ofensiva patriarcal impulsada por el ascenso de la extrema derecha, que desprecia el feminismo.
En España, la violación de ‘la manada’ en 2016 y las movilizaciones feministas alrededor del caso, junto con el auge del *MeToo* en Estados Unidos, consolidaron una conversación global sin precedentes. Las huelgas del 8M de 2018 y 2019 marcaron un punto álgido, generando una toma de conciencia colectiva sobre la magnitud de la violencia sexual contra las mujeres.
Objetivo: disciplinar
Expertas identifican varias estrategias para acallar a las mujeres que hablaron o a quienes las defendieron, incluyendo una intensificación del acoso en redes sociales y el uso de demandas judiciales. Las redes sociales, que fueron un espacio para las víctimas, ya no son canales seguros de libertad de expresión debido a la alineación de los propietarios de las compañías tecnológicas con discursos contra el feminismo.
Bárbara Tardón recalca que las circunstancias sociales y políticas actuales dificultan hablar en un contexto donde crece una corriente de extrema derecha y antifeminista. Esto provoca un repliegue del consenso en torno a la importancia de visibilizar y combatir la violencia sexual, y un aumento de relatos que señalan a los hombres como víctimas de supuestas denuncias falsas.
El intento de desacreditar a las víctimas emerge con fuerza. Un ejemplo es la investigación sobre las denuncias de violencia sexual contra Julio Iglesias, quien difundió en redes sociales los nombres y supuestas conversaciones de dos mujeres a las que identificaba como responsables. El cantante ha interpuesto una demanda contra elDiario.es citando acusaciones falsas sobre la investigación periodística.
La judicialización de los casos es otra estrategia en alza. Las demandas millonarias cercenan la libertad de expresión, especialmente para periodistas feministas que trabajan en medios pequeños o de forma independiente. El objetivo es asustar y disciplinar, dejando claro lo que puede pasar si se habla, publica, investiga o difunde una denuncia.
Casos como el de Cristina Fallarás, denunciada por el rapero Ayax por publicar testimonios de mujeres en su Instagram, y el de Yolanda Domínguez, llevada a juicio por el youtuber ‘Un Tío Blanco Hetero’, ilustran esta situación. Tatiana Romero subraya que la narrativa feminista de la violencia sexual no ha desaparecido, pero ahora se enfrenta a argumentos falaces reforzados para generar un clima de impunidad.
Catalina Ruiz-Navarro remarca que esta tendencia es global y ya está teniendo su impacto buscado, generando un efecto disuasorio. Las denuncias, aunque no aporten pruebas de calado, asumen que las mujeres mienten. Ruiz-Navarro, junto a otra compañera, ha sido denunciada por el director de cine colombiano Ciro Guerra tras investigar y publicar denuncias por acoso contra él.
Lo que ya “no podemos dejar de ver”
A pesar del cambio en el clima social y político, los avances logrados no han desaparecido. Las expertas ven que varios fenómenos conviven al mismo tiempo y que las posibilidades de hablar de violencia sexual son mayores que hace 15 años, aunque haya un “intento organizado” por silenciar estas voces. Ya no se puede dejar de ver el acoso sexual como un problema estructural.
La percepción y autopercepción del acoso sexual es diferente ahora. Tardón subraya los “avances evidentes” en la “materialización” de derechos, como la ‘ley del solo sí es sí’. Las mujeres denuncian más violencia sexual, como demuestran los datos y los casos que han afectado a partidos políticos como el PSOE y el PP.
Luciana Peker concluye que hay un nivel de relato sobre violencia sexual que no había antes y cosas que pasaban hace años no pasarían hoy. Los avances están conviviendo con la reacción, y las mejoras son una realidad al mismo tiempo que el retroceso, lo que dificulta ser conscientes de su verdadera magnitud. Bárbara Tardón finaliza con un mensaje optimista: “Las feministas seguimos estando”.













