
Cuando tener trabajo y DNI no te salva de la calle: la realidad del sinhogarismo en Cataluña
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La muerte de dos personas sin hogar en Badalona ha vuelto a poner de manifiesto la dura realidad del sinhogarismo, un problema que afecta a personas de todas las nacionalidades y condiciones, incluso a aquellas que tienen un trabajo y documentación en regla.
El pasado miércoles, Jordi, un hombre de 52 años que vivía en la calle desde hacía tres, falleció en la plaza Elisa Reverter de Badalona. Al día siguiente, otro hombre también fue encontrado muerto en la misma ciudad. Con estas dos muertes, suman trece las personas sin hogar que han perdido la vida en Cataluña en lo que va de año, cuatro de ellas en Badalona.
Historias de vida truncadas
Al igual que Jordi, el primer fallecido del año en Badalona, un hombre de 54 años, había nacido en Cataluña. Ambos compartían, además, el haber sido personas integradas en la sociedad, con un trabajo estable y una familia. Sin embargo, por diferentes circunstancias, terminaron perdiéndolo todo y viviendo en la calle.
En el caso del primer fallecido, el detonante fue un divorcio. Jordi, por su parte, era un carnicero que, según quienes lo conocieron, perdió su trabajo y la relación con su familia debido a una serie de “malas decisiones”.
La crisis de la vivienda, un factor clave
“La crisis de la vivienda está en un punto tan crítico que es muy fácil acabar en la calle. Y, una vez ahí, es muy difícil salir. No podemos dar la espalda a esta realidad, porque mañana nos podría pasar a cualquiera de nosotros”, afirma Jaume Ventura, portavoz de Badalona Acull, una entidad que trabaja con personas sin hogar.
Los datos disponibles respaldan la opinión de Ventura. Según un informe del Servicio de Atención Social al Sinhogarismo en el Espacio Público (SASSEP), cerca del 14% de las personas sin hogar en Barcelona tienen un empleo y el 40% recibe prestaciones o ayudas como la Renta Garantizada o el SMI. Esto significa que más de la mitad de las personas sin hogar cuentan con ingresos estables.
“La vivienda es tan cara que, a veces, un sueldo no es suficiente. Mucha gente sobrevive como puede y, a la que hay cualquier contratiempo, acaba en la calle”, añade Ventura.
El perfil de las personas sin hogar
Además, Ventura destaca que en el conjunto de Cataluña, el 27% de las personas sin hogar son de nacionalidad española. Si a estas se suman las que provienen de algún estado de la UE y las que ya han conseguido los papeles, el resultado es que sólo el 35% de quienes duermen en la calle están en situación administrativa irregular, según datos de la Sindicatura de Greuges (Defensor del Pueblo catalán).
“Por mucho que diga la derecha, es mentira que en la calle sólo estén delincuentes y migrantes. Hay personas de todo tipo, a quienes la vida no les ha ido bien. Por eso debemos plantar cara a los que instauran el discurso de odio”, sentencia Ventura.
La respuesta de las administraciones
Ante esta situación, las entidades sociales reclaman a los consistorios, asistidos por la Generalitat y el Gobierno, que aporten ayudas y alternativas habitacionales a quienes estén en riesgo de perder la calle. Algo que, según aseguran, no sucede.
El Ayuntamiento de Badalona ha insistido en que ofreció “en diversas ocasiones” ayuda a Jordi, así como a las otras tres personas sin hogar que murieron antes que él en la ciudad. Sin embargo, desde Badalona Acull recuerdan que en el municipio no hay ningún servicio de atención a esta problemática. El único albergue que había, Can Bofí Vell, cerró sus puertas en 2024 tras una deuda millonaria del consistorio.
Desde entonces, en Badalona no hay albergues ni pisos de alojamiento temporal para acoger a personas sin hogar. De hecho, el gobierno de Albiol devuelve cada año la mitad de fondos que le otorga la Generalitat para hacer frente a esta lacra social.
La única política con la que cuenta Badalona para atender a personas en situación de calle son las operaciones Frío y Calor, que se activan durante las semanas con temperaturas excepcionalmente altas o bajas. Se trata de un recurso en el que se ofrece pasar una noche en un polideportivo o equipamiento municipal, pero que no permite la entrada de animales de compañía ni de pertenencias como colchones o carritos.
“Ofrecer estas alternativas tan puntuales no ayuda en nada”, opina Ventura, de Badalona Acull. “Necesitamos políticas que vayan a la base del problema y que, sobre todo, no den la espalda a esta situación que está tan cronificada que, cualquier día, podría afectarnos a cualquiera de nosotros”, insisten.













