Cortinos: Guardianes de piedra de la apicultura tradicional en Asturias, León y Galicia

Cortinos: Guardianes de piedra de la apicultura tradicional en Asturias, León y Galicia
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Cortinos: Guardianes de piedra de la apicultura tradicional en Asturias, León y Galicia

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En las montañas del occidente de Asturias, extendiéndose hacia León y Galicia, se alzan los cortinos, construcciones circulares u ovaladas que alcanzan hasta veinte metros de diámetro. Son guardianes de piedra de una tradición milenaria, ejemplos singulares de la arquitectura popular ligada a la apicultura tradicional.

Arquitectura popular al servicio de la apicultura

Estos recintos de mampostería, también conocidos como albares o alvarizas en Galicia, han servido durante siglos para proteger las colmenas del constante asedio de la fauna salvaje. Asturias alberga la mayor concentración de estas fortalezas defensivas, únicas en el mundo por su diseño y funcionalidad.

Diseño a prueba de osos

La técnica constructiva de un cortín seguía principios arquitectónicos precisos para garantizar la seguridad de los enjambres frente a los depredadores. Los muros, levantados con piedra seca, suelen estar rematados por un alero de grandes losas de pizarra que sobresale hacia el exterior, impidiendo que el oso pardo acceda al interior.

Con alturas que superan los tres metros, estas estructuras crean un espacio seguro donde el apicultor tradicional, conocido como abeyeiro, depositaba sus colmenas. La robustez de la mampostería ofrece protección física contra animales, incendios y robos.

Ubicación estratégica

La ubicación de cada cortín era una decisión estratégica, basada en el conocimiento del entorno y las necesidades de las abejas. Se elegían laderas orientadas al mediodía para aprovechar la insolación, resguardadas de los vientos del norte y cercanas a fuentes de agua y flora melífera, como brezos.

Antes de la construcción, se realizaban estudios para comprobar la viabilidad del lugar para las colmenas.

Adaptación al terreno y organización interna

Los cortinos se adaptan a la topografía local, aprovechando la pendiente de las laderas para organizar el espacio interior mediante rellanos escalonados donde se asientan las colmenas. Esta disposición optimiza el espacio, permitiendo albergar entre 30 y 40 colmenas, y facilita el vuelo de los insectos, evitando interferencias entre las familias.

El suelo en pendiente asegura que la luz solar incida directamente sobre las colmenas.

Acceso restringido

El acceso a los cortinos solía ser difícil para evitar intrusiones. Muchos carecían de puerta, y los apicultores usaban escalas para saltar el muro. En las zonas con puertas, estas eran de madera reforzada, aunque a veces insuficientes ante la fuerza de los osos, que podían destrozar los accesos en busca de miel. Actualmente, algunos propietarios instalan pastores eléctricos o puertas metálicas para reforzar la defensa.

Impacto social y económico

La propiedad de un cortín reflejaba la estructura de las comunidades rurales. Debido a su coste y esfuerzo, solo las familias más acomodadas podían poseer varios. La mayoría compartía la propiedad para dividir los gastos.

El oficio de abeyeiro se basaba en el respeto por las abejas y su papel en el medio ambiente. Esta apicultura extensiva garantizaba la polinización y la conservación de la biodiversidad.

Abandono y reconstrucción

El paso del tiempo y los cambios en la apicultura han puesto en peligro este patrimonio arquitectónico. La mayoría de los cortinos se encuentran en estado de abandono, engullidos por la vegetación o reducidos a escombros. El cambio hacia prácticas industriales y el despoblamiento rural han afectado su función original.

De los aproximadamente mil inventariados, solo una pequeña parte conserva su estructura y sigue en uso.

En los últimos años, han surgido iniciativas para recuperar estos cortinos y devolverles su papel en el ecosistema. Acuerdos de custodia del territorio han permitido la reconstrucción de cortinos derruidos, como en el valle de Villarmeirín en Ibias. Estas rehabilitaciones preservan la historia local y mejoran el hábitat de especies vulnerables, como el urogallo y el oso pardo.

Al repoblar estos muros de piedra con abejas, se fomenta un modelo de apicultura sostenible que beneficia la regeneración de los bosques mediante la polinización. El esfuerzo conjunto de asociaciones y empresas busca poner en valor un oficio milenario que es parte de la identidad de la región.