Misterio sin resolver: La desaparición de Dolors e Isidre Orrit en Manresa, un caso que persiste tras 38 años

Misterio sin resolver: La desaparición de Dolors e Isidre Orrit en Manresa, un caso que persiste tras 38 años
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Misterio sin resolver: La desaparición de Dolors e Isidre Orrit en Manresa, un caso que persiste tras 38 años

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Casi cuatro décadas después de la enigmática desaparición de Dolors e Isidre Orrit, de 17 y 5 años respectivamente, en el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa, su familia no se rinde. A pesar del tiempo transcurrido, la esperanza de encontrar respuestas sobre lo que ocurrió aquella noche de septiembre de 1988 sigue viva.

La noche de la desaparición: Un relato de negligencia y confusión

Isidre había sido ingresado debido a una reacción alérgica a la penicilina. Dolors, su hermana mayor, se encargaba de cuidarlo en el hospital junto con otros familiares. Carmen Orrit, hermana de los desaparecidos, recuerda que los niños fueron cambiados de habitación sobre las diez de la noche, y que la última vez que se les vio fue alrededor de la medianoche.

A la mañana siguiente, la policía se presentó en el domicilio familiar, preguntando por el paradero de los niños, quienes ya no se encontraban en el hospital.

La respuesta inicial del hospital fue desconcertante. La familia denuncia que nadie los recibió personalmente. El médico que había ordenado el ingreso se marchó de vacaciones, y el director del hospital se limitó a comunicar, a través de una enfermera, que el centro “no es una cárcel”.

Una investigación inicial llena de obstáculos

La familia Orrit critica la investigación policial inicial, que calificó el caso como una “marcha voluntaria”, lo que retrasó la búsqueda activa. La hipótesis de un secuestro fue descartada debido a la humilde situación económica de la familia.

Dos semanas después de la desaparición, los perros de la Guardia Civil rastrearon un camino desde la habitación de los niños hasta la puerta de urgencias, pero ya era demasiado tarde.

Además, la investigación se vio obstaculizada por pistas falsas, como unas gafas encontradas en la habitación que no pertenecían a Dolors. Un análisis de ADN posterior lo confirmó. La familia también fue víctima de un detective que desvió la atención hacia familiares paternos, una hipótesis que la policía ya había descartado.

Un testigo clave emerge tres décadas después

Un giro inesperado ocurrió treinta años después, cuando un hombre contactó con la familia tras ver un programa de televisión. Este hombre afirmó que en 1988, cuando tenía 13 años, presenció cómo se llevaban a los niños.

Según su testimonio, vio a una persona vestida de médico bajar a Dolors en una silla de ruedas y a Isidre en brazos hasta la zona del mortuorio. Afirmó haber escuchado los llantos de los niños y haber visto cómo les inyectaban algo, los colocaban en una camilla y los cubrían con una sábana.

A pesar de la importancia de este testimonio, la justicia no ha actuado. Según Carmen, los Mossos d’Esquadra no pueden tomar declaración al testigo sin la orden de un juez, y el juez se negó a autorizarla debido a la prescripción del delito. El caso fue clasificado como rapto e inducción a la fuga, delitos que prescribieron a los 20 años.

La familia considera “totalmente injusto” que no se haya intentado verificar o desmentir el testimonio del testigo.

La búsqueda continúa: Un llamamiento a la colaboración ciudadana

Hoy, Dolors tendría casi 55 años e Isidre, 42. La familia ha explorado diversas vías para encontrar respuestas, incluyendo las redes sociales y la producción de un documental con simulaciones de su posible aspecto actual. Carmen ha canalizado su dolor en activismo y ha cofundado la asociación AFADES para ayudar a otras familias en situaciones similares.

Carmen hace un llamamiento a la colaboración ciudadana, instando a cualquier persona que tenga información sobre el caso a que la comparta, incluso de forma anónima. “Mi madre, que ya ha cumplido 86 años, y los hermanos también tenemos derecho a que si alguien sabe algo, que lo diga.

Queremos saber”, concluye Carmen, manteniendo viva la esperanza de encontrar a sus hermanos.