
La creciente "uberización" de la industria editorial española: un problema de desigualdad y precariedad
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La industria editorial española se enfrenta a un problema creciente: la “uberización” del sector, que precariza las condiciones laborales de autores, correctores, ilustradores, traductores y otros profesionales. Esta situación, marcada por la externalización y la falta de regulación, amenaza con agravar las desigualdades y socavar la calidad del trabajo en el mundo del libro.
Impagos y malas prácticas: una realidad extendida
Casos como el de la editorial Dolmen, acusada de acumular impagos a autores y proveedores, o el del grupo Malpaso en 2018, son solo la punta del iceberg. La mala praxis en materia de incumplimiento de contratos, retrasos en los pagos y deudas es una realidad extendida en el sector editorial español. Esta situación se ve agravada por la posición de poder que ostentan las editoriales, tanto grandes como independientes, y la falta de mecanismos efectivos para controlar sus prácticas.
La externalización como estrategia de ahorro
Una de las estrategias más utilizadas por las editoriales para aumentar sus márgenes de beneficio es la externalización de profesionales. Esta práctica les permite ahorrar en salarios, oficinas y cotizaciones, a la vez que mantienen la maquinaria en marcha durante fines de semana, vacaciones y bajas. Sin embargo, la subcontratación crea relaciones laborales más laxas y favorece a quienes están mejor posicionados en la relación de poder.
Privilegio político y falta de control
El privilegio político del que gozan las editoriales españolas, grandes y pequeñas, les permite actuar con un amplio margen de maniobra. Los trabajadores autónomos, por su parte, carecen de herramientas para hacer frente a las malas prácticas de quienes les subcontratan. Esta ausencia de control inmuniza a las editoriales y les permite mantener su *modus operandi* sin dejar de recibir premios y ayudas.
Fomentar la lectura, pero también las buenas prácticas
Iniciativas como las campañas para el fomento de la lectura son necesarias, pero insuficientes. Para asegurar el acceso al libro como un derecho cultural, es esencial garantizar las buenas prácticas en el sector editorial. Esto implica atajar las miserables condiciones laborales de la creciente mano de obra externalizada, que cobra cada vez menos por trabajar cada vez más.
Regular para evitar abusos y desigualdades
Los profesionales del sector llevan años reclamando medidas concretas para su supervivencia y regulación ante la tendencia neoliberal. Es necesario evitar los abusos de poder y el aumento de las desigualdades, sancionar cuando sea necesario y promover de forma equitativa el acceso a la cultura y la redistribución de la riqueza que esta genera.
Mirar a otros sectores en busca de soluciones
Existen precedentes de iniciativas creadas para enmendar problemas estructurales similares. Un ejemplo es el Estatuto del Artista, para el cual se creó una comisión interministerial en 2021. Herramientas hay o puede haberlas. Falta coraje y altura de miras para integrar que es mucho lo que arriesgamos al dejar la cultura en manos del mercado.
No perder el foco: la estructura que concede impunidad
No es la inteligencia artificial la que podría acabar con el mundo tal como lo conocemos, sino sus defensores, muchos de ellos defensores del largoplacismo más atroz. La trampa no está en la panacea que nos sirve el oligarca de turno, sino en la estructura misma que le concede impunidad.













